Tormenta mental sobre Nada en Absoluto 21/08/2005
Pese a confundir unas teclas con otras, es el momento más productivo para escribir sobre nada en particular.
Caminas por la calle, completamente solo. Ni un sólo ruido. Nada en absoluto. Intentas no romper ese equilibrio con el sonido de tus pasos. Intentas camuflarte con el Nada en absoluto. Normalmente no se consigue. Tropiezas.
Buscas las llaves en tu bolsillo. Cuando las sacas, ves heridas en tu mano de las que no eras consciente. Ni siquiera sabes cómo te las has hecho. Pero ahí están. Y recuerdas la última vez que viste una mano herida. Era en un sueño. Soñabas con ella. Subíais de la mano unas escaleras, no sabes cuáles. Parecíais ascender, alcanzar un lugar metafórico de unión más allá de los límites de las sensaciones. Y te lo creías. Notabas -y disfrutabas- la suavidad de su mano; hasta que la mirabas y veías que estaba llena de heridas. Sentías compasión, querías curar esas heridas. Lo hacías con un beso.
Tus heridas no las cura nadie. Todavía te estás preguntando cómo te las has hecho. Bailar a hostia limpia con otros punkis puede ser una buena aproximación. El hecho es que nadie te las va a curar.
El quinto y el sexto mes es lo peor. Era mi cuarto mes. Y cuando me lo decían, veía esos meses con mucho respeto. Los temía.
Ya se acerca el año. No volveré a confiar en científicos locos. Sus cálculos siempre son erróneos. Todavía sigo aquí, encerrado. Pese a ser consciente de que hay una puerta para salir, no salgo. Pese a ser consciente de mi necedad, no corrijo.
No hay nadie al otro lado de la ventana. Por mucho que la golpees, nunca te oyen (cosa que deberías haber aprendido de las películas). Siempre son a prueba de balas, así que tampoco se puede romper. Sigo sin ser consciente de que puedo salir por la puerta. Me gustaría tener algo que abrazar, aunque fuera una almohada. Realmente hace frío, y no me había dado cuenta.
Solo, encerrado, con la mano ensangrentada, escribiendo sobre nada en absoluto. Rodeado de gente, pero solo -la verdadera soledad-.
Podría dar muchas cosas, pero no siento nada en absoluto. Están ahí, deseando salir. Pero aunque las llamen, no salen. Están agotadas, o decepcionadas con el mundo. Seguramente lo segundo. Escucho en color, pero los demás hablan en blanco y negro. Hablan de nada en absoluto, nada que me importe en este momento. Parecen una película muda; yo pongo los rótulos cómicos cada varios minutos, interrumpiendo sus peroratas sin sentido.
Tu amigo sólo dice gilipolleces. Ríete. Bebe un poco más.
Sólo pienso en mi cama, en dormir hasta la semana que viene. La presente será dura. Ya habíamos oído hablar de lo peligroso del Sueño; pero ahora, dentro de esta desesperación, nos da igual. Nos permitimos el lujo de hundirnos más.
¿Hola?
¿De verdad no hay nadie ahí?
