La indecisión de Libra
No sé lo que me conviene.
No sé qué carrera estudiar.
No sé si comprar o vender mis acciones de carne de cerdo.
Polo rojo o polo azul.
Johnny o Timmy.
La Jessy o la Genoveva.
¿O las dos?
¿Me gustan los tíos o las tías?
¿O los dos?
¿Ban al nombre o a la ip?
¿Y si mejor le borro la ficha?
No sé qué escoger.
En algún momento, te sientes como Libra, y no parece haber un hecho que sea absoluto a la hora de decantarte por alguna de las opciones. Ambas sus ventajas, y sus inconvenientes. Ni las ventajas ni los inconvenientes parecen ser suficiente para elegir. Alguna de las ventajas -o de los inconvenientes- tirará más de la razón que del corazón, y viceversa. ¿Debo dejarme guiar por la intuición? ¿O debo ceñirme a lo que me dicta la razón? Si me decanto por la elección de la razón, quizá sea porque en mi vida he acumulado la suficiente experiencia como para decidir que ella es la que más me conviene, por encima de la elección del corazón. Pero… ¿qué me aportará la del corazón? Una nueva experiencia, quizá. Algo que no haya experimentado antes, algo temerario y emocionante, caótico, que no sé cómo puede acabar. ¿Qué más da si acaba bien o acaba mal? Para bien o para mal, aprenderé. Y quizá la próxima vez utilice la razón en una disyuntiva semejante, en lugar del corazón. La elección del corazón me aportará más emoción, sí. Pero… ¿puedo rebajar el cubata de whiskey con un poco de agua? Quizá pueda extrapolar algo de razón a la elección del corazón. ¿Sé cómo puede acabar la emocionante y drowniana opción?
Y me pregunto… ¿soy capaz de soportar las consecuencias de elegir con el corazón? Normalmente suelen ser más impredecibles. Puede que te hagan daño. O puede que tú causes daño sin quererlo. ¿Soy capaz de soportar el aburrimiento de elegir con la razón? Quizá el hecho de saber a lo que me atengo me haga perder el deseo.
Y si todas las opciones tiran de la razón…
Y si todas tiran del corazón… Y si a mitad de camino me sale otra opción más… ¡puf!
Ni razón ni corazón. Pero sí un equilibrio de ambas. Y si no, una moneda al aire. No hay nada más placentero que observar como se enmaraña el Destino de cada uno, cómo aprendemos de las cosas que nos pasan. Y para ello no hay nada mejor que descojonarse sabiéndolo. Aunque acabes mal, con una pierna rota. Sin trabajo, sin novia. Muerto o muerta. Cuando dentro de dos años estés llorando por haberte equivocado, sé feliz por haber aprendido una lección. Sé feliz en el sufrimiento. Ya explicaré por qué en una próxima ocasión. No tengas miedo de aprender, o de equivocarte, por mucho que sea lo que te juegues.
Pero sobre todo, antes de tirar la moneda al aire, antes de hacer un programa que te devuelva el random entre 0 y 1. Piensa. Piénsalo todo de forma lúcida y cabal. Si quieres, peca de meticuloso. Medita bien cada paso que des, piensa cada consecuencia. Sobre todo -otra vez- no pienses en cómo estarás la semana que viene, o el mes que viene. Si te interesa, si crees que es necesario, piensa en cómo estarás en 1 año, en 10, en 40. Es tu vida, es tu elección.
Por enésima vez. Sobre todo, por favor: No me hagas caso. No te creas nada de lo que he escrito. Si piensas como yo, que sea por tu propia iniciativa, no por la mía.
Lloth te mira con dilatados ojos vidriosos.
Lloth te dice: ¿Te he dicho alguna vez que eres el amor de mi vida?
