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Excrucior

El odio siempre vuelve a por ti. Una vez que disparas, nunca llega a detenerse realmente. Gravita en torno a tu mundo, como si se tratase de un satélite más, a la suficiente velocidad como para no verlo llegar. Pero tarde o temprano, tus recuerdos le guiarán por una nueva trayectoria; y tarde o temprano volverás a sentir el balazo en la espalda. En el hombro. O en la cabeza. Pero si no lo entiendes, será un balazo limpio, y seguirá rodando. Igual que todo.

Una entrada publicada el Miércoles, 17 de Agosto de 2005, a las 22:08. Catalogada en Odio, Reflexiones. Puedes estar al tanto de los comentarios mediante la sindicación RSS 2.0.

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