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Vangelis: Love theme

Hoy no tengo ganas de trabajar, y tengo la sensación de haber leído estas seis primeras palabras en más ocasiones de las que puedo recordar: ni tan siquiera una. Será porque anoche en sueños alguien me propinaba cabezazos -frente contra frente- hasta que perdía el sentido y me despertaba con un sobresalto, e intento recuperar la consciencia cruzando mis dedos y apoyando la barbilla sobre ellos.
Tengo la mente en blanco, y sólo habla la mano de Mark Knopfler y su Money for Nothing; y es como un baile de fin de curso encharcado, mugriento y enmohecido que parpadea con un fluorescente roto de madrugada, como si se estuviera celebrando en el callejón de atrás de un drugstore de los suburbios de Los Angeles. Y no puedo tejer una idea cabal, porque la última puntada se convierte en el vapor que rezuma del asfalto y la suciedad, y se pierde para siempre con otros humos y hálitos ponzoñosos.
¿Será esa inquietud la que repetitivamente castigó mi cráneo mientras dormía? Quizá serán las ondas que empuja mi viejo saxofón oxidado y que ralentizan la ascensión del humo, mientras mi gabardina y mi sombrero no se empapan del cursi rocío matutino, sino de la condensación de los gases de las entrañas de la ciudad. Y va siendo hora de buscar la lavandería más cercana, también frecuentada por otros vagabundos bohemios; para alimentar junto a ellos televisores -de media hora en media hora- mientras imagino que no veo a Pat Robertson pidiendo mi número de tarjeta de crédito, sino a un misterioso enmascarado que me encarga misiones secretas, porque soy un detective secreto, y no una sombra cruzada por humos que se alarga en un callejón.

Una entrada publicada el Martes, 20 de Diciembre de 2005, a las 22:08. Catalogada en Música, Relatos. Puedes estar al tanto de los comentarios mediante la sindicación RSS 2.0.

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