Fundamentos de Discusión, o lo estúpido de la comunicación tradicional
Como todo domingo, hoy toca limpieza general. Entre mini-botellas de alcohol, de esas que se consiguen en los puestos de las ferias, y montañas de ropa sucia, encontré unos apuntes de mi asignatura predilecta: Fundamentos de Discusión.
Desde el primer día de clase te metían el miedo en el cuerpo, porque la asignatura utiliza un medio de incomunicación tan ineficaz como el lenguaje (hablado y escrito), y éso supone que, por muchas horas de estudio que le eches, e incluso si trabajas de becario en algo relacionado con ésto, siempre creerás que la otra persona entiende lo que dices. Pero no. No te entiende. Ni tú a él. Porque tarde o temprano terminamos usando palabras de las que ambos contendientes creemos saber su significado, aunque en el fondo no tenemos ni puta idea, como idiosincrasia, condescendencia, hipocresía, paralelismo, obturador, o encomiable. En la asignatura Fundamentos de Discusión II también tratan acerca de una rama más peligrosa: palabras comunes cuyo significado estamos seguros al 100% de conocer, pero que cada persona interpreta a su manera: nación, país, religión, estado, amor, etc. Por éso, jodido es aprobar una asignatura que se basa en un medio tan pobre y tan imperfecto como el lenguaje.
Iba pasando las hojas, e iba viendo garabatos y caricaturas que hacía de los empollones de la primera fila. Como buena asignatura de ingeniería informática, tarde o temprano tenía que salir la recursividad por alguna parte. Yo, que fui al instituto, ya iba bien curtido en discusiones recursivas, sobre todo esas en las que se mencionan las habilidades en la cama de la madre o la hermana del contrincante. Tu madre ésto, tu madre lo otro, ¿sí? pues entonces yo a tu madre tal y cual, y de paso arrastro a tu hermana a este vórtice de ladridos. Aquí cogí pocos apuntes, porque controlabamos bastante.
Los últimos temas sí eran más jodidos, porque ya te metías en el terreno de la psicología. Según la asignatura, en una discusión el contrincante suele basar sus ataques en traumas o defectos que le avergüenzan, y con los que intenta mancharte. Ésto se acentúa más cuando ve tales traumas reflejados en ti. Por éso, es posible conocer las grietas del adversario atendiendo únicamente a los insultos que te dedica; y puedes filtrarte en ellas cómo gas ponzoñoso. Cuando llegué a este tema, dejé de ir a clase. El lenguaje es un cuello de botella, por éso yo soy un absurdo, y los gafapastas son así de tontos. Telepatía ya.
Salidas de la asignatura: Críticos literarios, contertulios y colaboradores de debates televisivos.
