La Parca a caballo, con guadaña e iPod
Cuando pasamos el dedo por la naturaleza mortal impermanente del ser humano puede llegar a acojonar ver que está lleno de polvo y suciedad, y que por mucho paño que pasemos, seguirá habiendo porquería. Pero toda esa mierda la hemos puesto nosotros; debajo hay un buen mueble de roble, que podría ser un mueble-bar, por ejemplo. O tal vez una mesa de diseño, de estas que tienen forma de charco. Por éso estamos feliz y condescendientemente sometidos a formas de gobierno materialistas.
- ¿Oye, qué te parecería [inserta aquí tu idea basada en un bien común]?
- Parece buena, pero un momento… ese tipo de ideas te convierte en… ¡UN COMUNISTA! (unas carreras, unas collejas, y se siente mejor… nuevo deporte nacional, etc. etc., que alguno se la sabrá)
No hay que desilusionarse ante este tipo de respuestas iracundas. Hay que tener en cuenta que tememos a la muerte, y en nuestro afán de contrarrestrar -o equilibrar- ese temor, proyectamos nuestro deseo de inmortalidad en cosas que presumiblemente durarán más que nosotros, pero que tarde o temprano también desaparecerán. A saber: un piso, un coche, o un iPod.
Odio a esos makis. Son como los tontuneros que odian a los que llevan el coche tal cual salió de fábrica porque piensan que la gente que lleva el coche sin tunear se pavonea frente a ellos, creyéndose mejor que la gente que ha tuneado el coche: guardarse las espaldas con algo sencillamente estúpido, que debería ser castigado con una muerte lenta y dolorosa. Y volver a empezar hasta que se aprenda.
