A tu mitad
No a simple vista, quizá porque ésto sea una maraña enmarañada adrede, llena de esos callejones donde se pierden las suposiciones mal supuestas y las divagaciones de eruditos hambrientos de palabra, que dejan su barbilla echando raices sobre el puño. Pero, como en Laberinto, si alguien se atreve a atravesar los muros de piedra, a buscar la salida de los callejones sin salida, y a escuchar directamente al castillo desde donde se ve cantar a David Bowie -por encima de los muros, sin distraerse con los acertijos de las aldabas y el hedor de los pantanos-, entonces ese alguien te dirá: Sí. Escriben sobre ti. Aunque sea un -y en- secreto.
