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Bienvenido a la época de los grandes gremios…

No puedo mostrar resistencia alguna.
Encuentro el patrón perfecto todas las noches. Pero todo cuanto he tejido se convierte en éter. Y al no existir gravedad, puede tomar otro camino aparte del que me devuelve a la vigilia: puede conducirme al sueño. The children of the idle brain.
El regreso a la vigilia da pasos -obvios- hacia atrás; aunque lo más acertado sería describirlo como un estado voraz de olvido. Olvido lo que he tejido cuando pienso en ello, con la intención de agarrarlo, secuestrárlo y dártelo. Nunca he conseguido rescatar ni una mísera palabra de ese vórtice violáceo de ironía. Cuando despierto, no hay nada. Sólo el oscurecimiento de lo que he creado mientras se precipita hacia el vacío, perdiéndose.
Por el camino del sueño sólo hay incertidumbre, salvo en la certeza de que cuando despierte, también habré olvidado el patrón. Aunque a veces puedo encontrarte en ese camino, y eso es algo bueno.
Pero cuando eso ocurre tampoco sabría decir
si fui capaz de contarte
todo lo que enmarañé (para ti)
en la línea que separa
la vigilia
del sueño.
Allí está el patrón perfecto, y allí permanece por más que intento traerlo. Podrías venir a verlo conmigo. Creo que viajaré a por él dentro de un par de minutos. Una noche más.

Tiene más sueño que kilómetros de distancia restantes para ser persona. Ahora babea encima del teclado, pero no os preocupéis: no está muerto. A ver qué opina cuando mañana se despierte y vea esto.

Una entrada publicada el Sábado, 28 de Enero de 2006, a las 13:07. Catalogada en Sueños. Puedes estar al tanto de los comentarios mediante la sindicación RSS 2.0.

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