Si tú y yo fuéramos uno
…repartiríamos las tareas, como suelen hacer los productos de la fusión. Estarían colgadas en un imán del frigorífico, escritas en un papel disertador; una minuciosa división de funciones psicosomáticas y metafísicas, acorde a no sé cuál estándar sobre funambulismos legales de cara al ministerio/departamento (la barra se pronuncia) que regula todo lo relativo a la fusión de almas. Algún inspector rondaría la cocina de madrugada para comprobar que todos los elementos de la lista gozan de la presencia de un símbolo de “Ok” —una de esas uves alargadas de color verde— y de varios sellos lacrados garantizando el íntegro cumplimiento de la división.
Y con los ojos entornados, en ese punto en que las pestañas vuelven borrosa la visión, vería cómo se larga por la ventana en pos de una nueva investigación nocturna. Y entonces entraría en acción, manipulando vilmente la lista, infringiendo la ley.
Infringiéndola al monopolizar y sabotear algunas de esas tareas.
Y quizá sonreirías sin saber muy bien por qué, o caerías inconsciente de la risa. Las cosas que parecen complicadas, de repente resultarían sencillas; las tediosas se harían adictivas, y las cosas más tristes pasarían inadvertidas, porque mi corrosiva saliva las desharía como esos sucedáneos de hostia consagrada sabor fresa que vendían antaño. Muchísimo más rápidamente que los M&M´s.
No haría falta que escribiera esto, porque ya lo sabrías.
Pero,
por otra parte,
me gusta escribirlo. Vivo, viviría de ello.
Y disfruto ayudando a hacer sencillo lo complicado —siempre que puedo—,
y ante el cansancio de lo tedioso,
y prefiero no obviar lo triste si puedo abrazarte para aplacarlo,
o ser mordido.
(Si puedo elegir, prefiero ser modido)
Y aunque no me importaría ir de por vida a esa cárcel onírica por haber manipulado la división de tareas físicas y metafísicas, es “de por vida” el tiempo que prefiero poder acompañarte, desde fuera pero desde dentro.
Y aunque la fusión de cuerpos es tentadora —puesto que podría hacerte saber en nanosegundos todo el torrente de pensamientos que circulan por mi mente—, prefiero hacértelo saber día a día, durante el resto de mi vida.
Y seguir aprendiendo, o mejorando. Porque sé que mañana, cuando relea esto, me parecerá poca cosa. Y aprendiendo, o mejorando, te escribiré algo mejor.
