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Archivo de Junio de 2006

La letra con sangre entra 26/06/2006

Mientras escribo esto empuño mi cuchillo de plástico, una valiosa reliquia de mi décimo cumpleaños (No pienso fregar tanta mierda, pondremos cubiertos de plástico, dijo mi madre), y cerceno mi brazo izquierdo. La sangre mana a borbotones, y noto una extraña sensación en el entrecejo, un calor que se extiende hacia el cerebro y que lo bascula, mareándome, provocándome vómitos y escalofríos.
Después de varios meses sesgando carne y tendones —y unos escasos centímetros de hueso—, doy por aprendida esta lección —enseñada por mi dulce y amada Atmita—, y procedoa a ir al hospitljjlah,xcv..b.bsad.fg5.

Cuando el verbo haber se emplea para denotar la mera presencia o existencia de personas o cosas, funciona como impersonal y, por lo tanto, se usa solamente en tercera persona del singular (que en el presente de indicativo adopta la forma especial hay: Hay muchos niños en el parque). En estos casos, el elemento nominal que acompaña al verbo no es el sujeto (los verbos impersonales carecen de sujeto), sino el complemento directo. En consencuencia, es erróneo poner el verbo en plural cuando el elemento nominal se refiere a varias personas o cosas, ya que la concordancia del verbo la determina el sujeto, nunca el complemento directo. Así, oraciones como Habían muchas personas en la sala, Han habido algunas quejas o Hubieron problemas para entrar al concierto son incorrectas; debe decirse Había muchas personas en la sala, Ha habido algunas quejas, Hubo problemas para entrar al concierto.

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Nescnigmto un myiedicoh porgjvafavormgm,.,./.. . .

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Sobre la jerarquía social en los restaurantes de playa y de ciudad 25/06/2006

Es más fácil en uno de esos restaurantes a pie del paseo marítimo, porque suelen ofrecer una mayor variedad de chuminadas histriónicas en la carta. Son su debilidad. Comidas que echen chispas, o humo, o que estén ardiendo.
Busca cual yonki ese momento de supremacía social, racial y genital que da comienzo cuando el camarero sale a la terraza con una bandeja de comida humeante, ardiente, o con bengalitas hawaianas. Entonces los comensales de todas y cada una de las mesas levantan la cabeza de su puré de verduras y ven el mayor espectáculo de sus miserables vidas: un camarero portando una bandeja de comida humeante, ardiente, o con bengalitas hawaianas. Y se sienten inferiores; vituperan contra sus ridículos y no llamativos platos de amalgama marrón y se sienten asfixiados por una sociedad voraz y ambiciosa, en cuya cúspide se encuentra ese señor gordo de la mesa adyacente, que come carne cruda deflagrada con su señora.

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“Hay que destrozar la Constitución”. Un exquisito discurso dictatorial. 21/06/2006

Y ahí tenemos la biblia. Un libro que perfectamente podría ser un delirio de alcohólico, un delirio guiñado por la suerte que le ha hecho perdurar durante miles de años, y que es el pilar de una religión arcaica, corrupta y asesina. Es arcaica por su antigüedad, es corrupta porque, además de las corrupciones básicas, hay señores con gafas gigantescas y un tapete en la cabeza que se follan a niños; y es asesina porque no sé si son miles, o cientos de miles, o millones las personas que ha matado durante su existencia. Y no creo que ningún revisionista lo dude, aunque los habrá.

Después está la gente que todavía es más beata y más temerosa de Dios. No es sagrado el libro que adoran, ni es producto de una divina e infructuosa intervención. Tanto miedo tienen de soplarle el polvo, que seguramente en los próximos dos mil años seguirá intacto. Será más viejo, habrá dado cobijo a más corruptelas, y serán más las personas muertas en su nombre.

Seguirán hojeándolo y masturbándose pensando en ese concepto llamado nación, tan abstracto y opiáceo como la religión, y tendrán mucho cuidado de no dejar ningún semenazo en las hojas de la Constitución, no sea que eso signifique el desgaje de esta nuestra patria: España, el imperio donde hace lustros que sí se pone el Sol. Por eso hay que descuartizarla. Ya sabemos lo que sucede con el software que no se actualiza. Se queda obsoleto, y se usa a disgusto. Manan las vulnerabilidades, y cada vez son más quienes se aprovechan de ellas; sobre todo si hay dinero de por medio.

No dejemos -iba a decir- que se convierta en otra biblia obsoleta. Iba a decirlo, pero recapacité: dejemos que se pudra. Cuando el país explote, estaré sentado en mi sofá, disfrutando de mi cocacola y mi sandwich triple de nocilla, viendo cómo se mata la gente entre sí tras la seguridad de mi televisor. Lo mismo que haré si finalmente alguien la actualiza, venciendo ese miedo colectivo -ya visto en otros momentos de la historia- al cambio. Un cambio tan inofensivo como necesario.

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Detalles III: No podría estar sin… 20/06/2006

Fotografiar. Masajes. Sonrientes hoyuelos cerca de la nariz. Buscar música nueva. Las campanas de los tranvías. Incursiones de cualquier tipo. Cosquillas. Ropa a rayas, rayas de muchos colores. Las melodías de las campanas de Westertoren. Gaviotas. Tardes de domingo con Los Goonies. Galletas de chocolate. Ir en bicicleta al trabajo. Comida multicultural. Crujir las rodillas. Teto. Relajarme escribiendo en el blog. Hugo Deep Red. El sonido de los intermitentes de los coches. Tostadas con mucha mantequilla. Espasmos. El olor de la lluvia en verano. Viejas películas en blanco y negro que emiten en la 2. Acordeones (por algún motivo, la gente parece odiarlos). Radio 3. Salir de noche y que huela a hoguera, especialmente si ronda la Navidad. Champús de chica -los que huelen a fruta- y las tentaciones que desencadenan. Radiohead’s Talk Show Host. Gustavo Adolfo Bécquer. Quedarnos en el Coliseum hasta que cierren. Amasar cualquier cosa que se pueda amasar. Mi cazadora. El sonido de las lechuzas-paloma cuando voy a trabajar, o durante las mañanas de Benicàssim. Sandwiches de nocilla de tres o más pisos. Imperfecciones, de cualquier naturaleza. Leonor Watling. Jugar con imanes. Chocolate amargo. La Coctelera. Viajar en tren. Las películas navideñas de Chevy Chase. Patatas fritas (de las de freidora, no de las de bolsa). Áreas de descanso de autopistas. Cherry Coke. Empezar a ver Pulp Fiction en un punto al azar. Oler cada revista, libro, periódico, etc. que cae en mis manos (sobre todo si son viejos). Encender y apagar cerillas. Despensas, de esas con muchos botes de comida y frutas confitadas. El olor de las velas al apagarse. Ver y escuchar la lluvia desde el coche. Nuca y espalda. Coger un libro al azar. Jardines Zen. Lolita Lempicka. El sabor del agua del mar. Conducir por carreteras desiertas. El aire fresco de los amaneceres veraniegos. Postres del VIPs. Ilustraciones de El Roto. El olor del Cristasol. Queso hasta el empacho. El sonido del bajo. Mis 507. Asimetrías. Despertarme y ver que me quedan, mínimo, una o dos horas de sueño. Niebla. Panetones con mucho azúcar glas. Repelar masa cruda de bizcochos y sucedáneos de las batidoras. Nudos buenos en el estómago. Murcia. Leche con canela y limón. Viajar y notar la humedad del -cada vez más cercano- mar al salir del coche para echar gasolina. Tardes de verano con golondrinas. Música. Miedo y Asco en Las Vegas. Lunares. No terminar nunca esta lista.

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