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Sobre la jerarquía social en los restaurantes de playa y de ciudad

Es más fácil en uno de esos restaurantes a pie del paseo marítimo, porque suelen ofrecer una mayor variedad de chuminadas histriónicas en la carta. Son su debilidad. Comidas que echen chispas, o humo, o que estén ardiendo.
Busca cual yonki ese momento de supremacía social, racial y genital que da comienzo cuando el camarero sale a la terraza con una bandeja de comida humeante, ardiente, o con bengalitas hawaianas. Entonces los comensales de todas y cada una de las mesas levantan la cabeza de su puré de verduras y ven el mayor espectáculo de sus miserables vidas: un camarero portando una bandeja de comida humeante, ardiente, o con bengalitas hawaianas. Y se sienten inferiores; vituperan contra sus ridículos y no llamativos platos de amalgama marrón y se sienten asfixiados por una sociedad voraz y ambiciosa, en cuya cúspide se encuentra ese señor gordo de la mesa adyacente, que come carne cruda deflagrada con su señora.

Una entrada publicada el Domingo, 25 de Junio de 2006, a las 14:56. Catalogada en Reflexiones, Relatos. Puedes estar al tanto de los comentarios mediante la sindicación RSS 2.0.

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