Buscar
Sindicación
Últimos comentarios
Archivo
Categorías

Blogs de famosos

Tomábame un descanso matutino. Había sustituído mis acogedoras sesiones de Lord Byron avec pipa de maíz frente al fuego de mi chimenea, en mi maison de la ribera, por baños de sol en la terraza de la oficina ahumados con el crack que rebosa en el papel de aluminio. El sol azotaba mi cráneo y elevaba la temperatura de su contenido hasta los 46.5ºC: podía sentir no sólo las gotas de sudor que se deslizaban por mi frente, sino la materia gris que se derretía, paralelamente y al unísino, por detrás de ella; igual que esos románticos utensilios de limpiar ventanas que funcionan con imanes, y que adquirí de forma masiva después de pasar varias noches seguidas de insomnio viendo la teletienda. Tan despiadadamente inspirado me sentía por esos haces solares, que desenfundé mi libreta de escribir textos incoherentes, y no sólo anoté lo siguiente, sino que además lo decoré con inquietantes dibujos a pluma de gigantescos barbudos empuñando mandobles mellados y vistiendo gruesas corazas, igual que ese librucho que escribió el padre de Indiana Jones acerca del Santo Grial, y que tanto me impactó cuando era pequeño.

Un nuevo degénero literario que inspira tanta credibilidad como esos folletos de Ha ganado un televisor de 25″, cebos ideales para venderte enciclopedias, baterías de cocina o alistarte a una incipiente secta. Blogs de famosos. ¿Desde cuando nosotros -que consumimos sus libros autobiográficos, acudimos al cine a ver sus películas o tiroteamos a sus competidores directos desde un BMW serie 7- les hemos permitido llegar hasta este punto? Su derecho a manifestarse en la red, al igual que su intimidad, nos pertenece. Y bajo ningún concepto debemos permitir que cualquier guionista sionista de Sitcoms de la cadena ABC vomite en la blogosfera, en nombre de nuestros famosos, sus penosos y victimistas discursos. Sí. Digo, no. No me imagino a Miguel Ángel Nadal escribiendo con rigurosa constancia y mejor ortografía en su blog, deleitándonos con graciosas anécdotas acontecidas en los vestuarios, entre ingesta de plátano e ingesta de plátano, o con aquéllas resultado de contratar los servicios de un meretriz junto a ese tal Beckenbauer, de moda hoy en día tras haber sido resucitado mediante vudú. Tampoco me imagino a Fernando Alonso ganando tres reales de a 8 por cada línea escrita en su blog, presumiblemente rellena con monosilábicos y entretenidas onomatopeyas simiescas, sin ninguna ayuda de esos buitres de la palabra y la peseta. Ni a Sánchez Dragó diciendo cosas coherentes.

Cuando mi brazo tomó un insalubre color verdoso de tanto pensar, dejélo reposando en la ardiente uralita de la terraza, donde permaneció burbujeando durante al menos… durante al menos dos horas más, hasta Sánchez Dragó saltó la tapia y se puso a mascarlo con placer. Desde luego no me encontraba bien, hacía mucho calor y me faltaba un brazo.

Una entrada publicada el Martes, 4 de Julio de 2006, a las 14:50. Catalogada en Historias Dantescas, Odio, Relatos. Puedes estar al tanto de los comentarios mediante la sindicación RSS 2.0.

Deja tu comentario