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Archivo de Julio de 2006

Miedo 09/07/2006

Si ya sabes de qué va el miedo, no pierdas el tiempo leyendo esto; puedes, para aprovecharlo, investigar sobre el origen de los -antisemitismo gratuíto- infames judíos.

Deberías estar leyendo ese artículo de la Wikipedia porque, como todo ser humano no vegetal o mineral, conoces el miedo. Estamos especialmente sometidos a miedos de gran magnitud: la muerte, las pandemias ficticias producto de compañías farmacéuticas en bancarrota, los penes diminutos, las fracturas de meseta ibérica, las mesetas ibéricas diminutas, o las fracturas de pene.
Más triste es pasar por alto los pequeños miedos del día a día, gracias a los que otras tantas entidades llenan sus bolsillos. Hoy, cuando estaba esperando para adquirir este hermoso ratón para ordenador portátil, presencié otro de tantos abusos del miedo de baja magnitud. De tipo genérico, no se me ocurre cómo catalogar éste. Una anciana señora se disponía a comprar un gadget, seguramente para su hijo o sobrino -demasiado ocupado en comerse un sandwich-. Cuando iba a pagarlo, el vendedor -uno de aquellos de franquicia informática, tan estereotipados como ignorantes- tuvo a bien preguntarle por el nivel de seguridad de su computador. Existen jakers, señora: personajes que visten incómodas bolsas de tela acartonada -por el semen de sus masturbaciones compulsivas- en la cabeza, pues viven recluídos como murciélagos y no toleran la luz del sol. Y la señora, temerosa de Dios y de que su hijo o sobrino sufriera en su orto la violencia insaciable y desgarradora de estos jakers, adquirió el antivirus que nuestro amigo Michael tan amablemente le ofrecía. Un antivirus carísimo.
Después están las recomendaciones. Cuando configuras tu futuro portátil en la página de Dell, te recomiendan elegir tal o cual paquete adicional: una prórroga de la garantía por dos o tres años más, por un precio insignificante en comparación con la seguridad que te infunde; o tal vez un maletín con mango de Vinilyto® que aislará el ordenador de tu chamuscado cuerpo en caso de que tu bisoñé atraiga un rayo. Windows te recomienda no desactivar sus placebos, deshabilitar sus vitales y voraces procesos o desinstalar sus coloridas aplicaciones. Para ello te sugestionan con iconos rojos y calaveras de la muerte, y entonces te imaginas a un señor serio, bajito, gordo y con bigote, que te mira fijamente y juzga con severidad tu irresponsable acto de vandalismo. Un ¿dejarás que tus hijos se vuelvan comunistas? rebota en el cráneo nuestro preocupado, trajeado, afeitado y cornudo padre de familia.
Nuevos campos en la calidad de vida de las personas o la tecnología para el caballero de a pie son nuevos campos de pánico esperando ser cultivados, arados y recolectados. Si no me faltara un hervor, ya sería millonario.

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Los Nueve Infiernos Nucleares - Capítulo Primero: Ataque de Pulso Electromagnético 05/07/2006

Imagínate en lo alto de la vieja colina de los enamorados, disfrutando de esa Coca Cola de vainilla en tu viejo Chevrolet Malibu del 64, con Mia Wallace. La contaminación luminosa de la ciudad apenas eclipsa el precioso cielo estrellado.

De repente, la aurora boreal.

¿La aurora boreal? ¿En este…?

La ciudad que yace a los pies de la colina sucumbe y se obscurece: un hermoso y manido apagón se propaga como fichas de dominó. Pero antes de eso, la radio del Malibú ha dejado de funcionar. Tu reloj de pulsera, también, aunque hasta dentro de unos minutos no te darás cuenta. Cuando el pánico se apodere de vosotros dos y eches mano de tu teléfono móvil, verás que también ha dejado de funcionar. El TomTom Navigator, muerto. Qué gloriosa sensación de soledad y de inferioridad: el ser humano aislado e incomunicaod.
Pronto empezarán a brotar pequeñas llamas en lontananza, producto de saqueos y confrontamientos civiles en los que tarde o temprano participarás, ambientadas en gritos de horror y disparos. Que tarde o temprano recibirás, por supuesto. A menos que tengas un arma. Porque tienes un arma, ¿verdad?

La aurora boreal era consecuencia, obviamente, de una ionización masiva en las capas altas de la atmósfera. Y ésta fue provocada por un ataque de pulso electromagnético, también conocido como ataque EMP o Bomba del Arco Iris. Una detonación nuclear a gran altitud que produce, en cuestión de un nanosegundo, un flujo de rayos gamma como consecuencia de las reacciones nucleares. Se produce entonces, por el efecto Compton, una gran cantidad de electrones que quedan atrapados en el campo magnético de la tierra. Digamos que dependiendo de la altura de la explosión, se creará un campo magnético que afectará a más o menos espacio. Si ha sido, por ejemplo, a 400-500 kilómetros de altura, el campo magnético afectaría a un territorio continental del tamaño de los Estados Unidos de América. Por lo que no sólo tu ciudad se ha convertido en una caótica y primitiva mancha negra con columnas de humo: el continente entero, también.

Lo único que podría haber salvado a tus dispositivos electrónicos de fallecer tan súbitamente es una jaula de Faraday, pero no tienes ninguna en la guantera. Y aunque la hubieras tenido, en un nanosegundo no te habría dado tiempo a guardar nada en ella.

El país entero está sumido en el caos, y el ataque EPM es sólo el comienzo. Ahora que estáis indefensos y desquiciados, una lluvia de fuego nuclear arrasará ciudades y campos; los edificios y las personas quedarán reducidos, con un poco de suerte, a sus respectivos esqueletos carbonizados.

Menuda intriga, ¿no?

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Blogs de famosos 04/07/2006

Tomábame un descanso matutino. Había sustituído mis acogedoras sesiones de Lord Byron avec pipa de maíz frente al fuego de mi chimenea, en mi maison de la ribera, por baños de sol en la terraza de la oficina ahumados con el crack que rebosa en el papel de aluminio. El sol azotaba mi cráneo y elevaba la temperatura de su contenido hasta los 46.5ºC: podía sentir no sólo las gotas de sudor que se deslizaban por mi frente, sino la materia gris que se derretía, paralelamente y al unísino, por detrás de ella; igual que esos románticos utensilios de limpiar ventanas que funcionan con imanes, y que adquirí de forma masiva después de pasar varias noches seguidas de insomnio viendo la teletienda. Tan despiadadamente inspirado me sentía por esos haces solares, que desenfundé mi libreta de escribir textos incoherentes, y no sólo anoté lo siguiente, sino que además lo decoré con inquietantes dibujos a pluma de gigantescos barbudos empuñando mandobles mellados y vistiendo gruesas corazas, igual que ese librucho que escribió el padre de Indiana Jones acerca del Santo Grial, y que tanto me impactó cuando era pequeño.

Un nuevo degénero literario que inspira tanta credibilidad como esos folletos de Ha ganado un televisor de 25″, cebos ideales para venderte enciclopedias, baterías de cocina o alistarte a una incipiente secta. Blogs de famosos. ¿Desde cuando nosotros -que consumimos sus libros autobiográficos, acudimos al cine a ver sus películas o tiroteamos a sus competidores directos desde un BMW serie 7- les hemos permitido llegar hasta este punto? Su derecho a manifestarse en la red, al igual que su intimidad, nos pertenece. Y bajo ningún concepto debemos permitir que cualquier guionista sionista de Sitcoms de la cadena ABC vomite en la blogosfera, en nombre de nuestros famosos, sus penosos y victimistas discursos. Sí. Digo, no. No me imagino a Miguel Ángel Nadal escribiendo con rigurosa constancia y mejor ortografía en su blog, deleitándonos con graciosas anécdotas acontecidas en los vestuarios, entre ingesta de plátano e ingesta de plátano, o con aquéllas resultado de contratar los servicios de un meretriz junto a ese tal Beckenbauer, de moda hoy en día tras haber sido resucitado mediante vudú. Tampoco me imagino a Fernando Alonso ganando tres reales de a 8 por cada línea escrita en su blog, presumiblemente rellena con monosilábicos y entretenidas onomatopeyas simiescas, sin ninguna ayuda de esos buitres de la palabra y la peseta. Ni a Sánchez Dragó diciendo cosas coherentes.

Cuando mi brazo tomó un insalubre color verdoso de tanto pensar, dejélo reposando en la ardiente uralita de la terraza, donde permaneció burbujeando durante al menos… durante al menos dos horas más, hasta Sánchez Dragó saltó la tapia y se puso a mascarlo con placer. Desde luego no me encontraba bien, hacía mucho calor y me faltaba un brazo.

256 03/07/2006

Un viejo artículo que escribí en mi antiguo diario cuando cumplí las 256 regurjitaciones

El rufián que intentare descifrar el contenido de este mapa, pagará su osadía con la más terrible de las muertes.

En el momento en que yo cuelgue este artículo serán dos elevado a ocho (28), es decir, doscientos cincuenta y seis (256) el número de artículos publicados desde que, casualmente, un ocho de agosto empezase a escribir.
En días tan adrede buscados, uno piensa en todas las cosas de provecho que le ha regalado este diario secreto tan al alcance de todos —en general— y de Google —en particular—, que no sería nada sin la vorágine de comentarios que se dan y se reciben en este estrato de la blogosfera-huevo. Así pues, en este no-cumpleaños tan especial, doy las gracias a Lolth por haberos conocido a todos vosotros, que tan a menudo dejáis vuestras impresiones por este lugar, aun cuando yo no lo haga en el vuestro con vuestra misma frecuencia, ya que sigo sin ordenador en casa.
Pero sobre todo, sobre todo: gracias a ti, que tienes brillantina en las mejillas, cascabeles, artilugios inverosímiles en la mochila y orejas puntiagudas de duende, por existir. Y por permitirme compartir esa existencia. Y por ser una Goonie. Y por no haberte subido en el cubo de Troy. Hoy no sería nada sin ti; o tal vez sería otra cosa, pero peor: más gris y con algunas telarañas. Gracias por dar sentido a mi vida. Ik hou van je, mijn prinses.
A por 256 posts más.