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En el capítulo anterior…

No, no. No es la mejor forma de empezar un nuevo episodio. Lo corrijo: Gracias al capítulo anterior, mi vida viró ciento ochenta grados y cambió por completo. Quizá la aguja no variara ese número de grados con total precisión, pero sí lo suficiente hasta apuntar al corazón de mi atmita. Hace exactamente un año y un día me preguntaba por qué tenía que permanecer parado a miles de kilómetros de distancia cuando esa brújula tiraba de mí con ininterrumpida violencia hacia el nor-noreste. Cinco largos, largos, larguísimos meses después mi alma pudo descansar a su lado. Y todo gracias al capítulo anterior. Y a una serie de coincidencias, tan delgadas y frágiles como un hilo, que nos permitió encontrarnos de nuevo.
Escribir en este diario cambió mi vida. Realmente me apena tener que continuar su escritura en otro lugar, pero mi antiguo proveedor de hojas frescas y perfumadas empezó a fallar con demasiada frecuencia, y empecé a sentirme claustrofóbico. Por eso me he mudado a este dominio, donde puedo repartir hachazos a diestro y siniestro, destrozando hojas de estilo sin limitación alguna. No obstante no puedo quejarme de La Coctelera, la comunidad donde antaño escribía, pues es otro eslabón más que nos condujo a mi atmita y a mí a una nueva unión, y por ello estaré eternamente agradecido. Sé que habrá muchos y celebrados cambios que la convertirán en una mejor plataforma para publicar, y que escribiendo en solitario perderé la sensación de pertenencia a un gentío alborotado de buenos escritores –y mejores personas–; pero ésto es algo que me apetece hacer.

Esto no es una segunda parte, sino una mudanza. No me gustan las segundas partes. Mirad a ese chaval –¿Álex?– de la primera entrega de Operación Triunfo, que ahora es el fichaje estelar en su enésima parte. Un fichaje estelar. Un fichaje estelar. Un fichaje estelar. (Un fichaje estelar se funde poco a poco con la siguiente escena onírica…)
–¿Y qué haces, hijo? ¿das clase de canto? ¿de baile? –preguntó el anciano, sentado en su taburete-orinal.
–Pues… ahora presento un chat de mensajes de texto.
–Ah…
Yo, mentalmente, añadía una pausa dramática de varios minutos, adornada con perlas de originalidad: sudor, mirada hacia el suelo, calada nerviosa a un cigarrillo arrugado y empapado por el casi-agua de la lluvia ácida, un mimo, y un largo etcétera; y al final, previa entrada de una melodía de violín, concluía su sentencia: …pero me han dicho que diga que vamos a ser muy gamberros. Y el viejo se orinó en los pantalones. Por eso detesto a ese tipo, y las segundas partes, y los centros geriátricos. Intentaré seguir cuidando mi ortografía y no volver a escribir entradas de una o dos líneas de texto.

Los contenidos de este nuevo diario están administrados con WordPress, con el cual estoy bastante satisfecho: me permite ser duro, pero a la vez justo, con las páginas que cuelgan aquí. Es muy completo, tanto que –sumado a mi falta de tiempo y a su paupérrima documentación– me supera con creces. El diseño corre de mi cuenta, y no tiene título pero sí olor: a cuarto de baño impoluto, impecable, y perfumado con esencia de coco. Tan limpio que los papás y las mamás dejan a sus niños lamer las esquinas y los recovecos con total confianza. Con una sonrisa en la cara. Los numerosos iconos que pueblan el diario los obtuve en famfamfam.com, y son una delicia. Y, como bien reza la letra pequeña, siento mucho todo el rollo web 2.0 y accesibilidad para sordomudos, pero realmente me apetecía hacer la pijada, e intentar hacerla bien. Lo mejor que pueda. Por esto no es otra cosa que un regalo eterno, una dedicación absoluta a la persona que más amo. Y se merece lo mejor del mundo.

Una entrada publicada el Lunes, 27 de Noviembre de 2006, a las 2:41. Catalogada en Atmita, Personal. Puedes estar al tanto de los comentarios mediante la sindicación RSS 2.0.

18 comentarios
atmita
27/11/2006 2:57

Tú si que me has llenado de nudos buenos!! muchas gracias por el regalo, no te imaginas lo feliz que me hace poder leerte de nuevo…pero sobre todo gracias por existir y por haber dejado que te encontrara de nuevo. Te amo :***************************

alfondo
27/11/2006 3:22

Madre mía!!!
El primero justo después de Atmita, ¡qué honor!
Espero que esta nueva etapa nos haga disfrutar tanto como la anterior. Que no decaigan tus fuerzas!
Un abrazo compañero.

miss calamar
27/11/2006 4:02

Perfecto. Me encanta. Ole.
Qué suerte tiene atmita, coño!
:)

scumnok
27/11/2006 4:56

Pués yo hago el primer comentario justo despés de mi segundo comentario. Pa chulo yo

scumnok
27/11/2006 4:57

esto es solo para no contradecirme.

PD: muy chulo te ha quedado, RSS actualizado, todo a punto :)

sinpalabras
27/11/2006 4:58

¡Presente!

niñazul
27/11/2006 5:21

ostia, huele a coco!

:7D

Apóstata
27/11/2006 5:48

Simplemente genial. :)
Un saludo

Taburete
27/11/2006 7:01

Enhorabuena por este nuevo y pulcro espacio.
Te seguiremos mediante RSS…
Salud!

Dadá
27/11/2006 7:23

Suerte Dunkelheit.

De momento parece que tus lectores no desertan tan fácilmente.

Dunkelheit
27/11/2006 10:26

Muchas gracias a todos por el recibimiento tan efusivo. Intentaré mantener el listón, sin tener que recurrir a poner mp3 gratis para descargar XD

aniku
28/11/2006 3:40

aunque desaparecida de mi espacio, te he seguido la pista.
estaré por aquí
y gracias por recomendarme -prometo retomar mi actividad bloguera-
suerte con la mudanza
un beso

alfondo
28/11/2006 9:45

Here we are now,
entertain us,
I feel stupid and contagious . . .

Shenka
28/11/2006 13:53

Pues ná, a seguir leyéndote… buena mudanza. Ya vas por el segundo post, buff! Qué rápido, coño. XD

Besos.

PD: Te cambio el olor a coco de tu blog en mi navegador por uno que huele a… pa qué escribirlo si ya se sabe. En fin. Jaja.

Tungusky
29/11/2006 0:43

Sin-sun, sin-sun, sin-sun, sin-sun-sin, uuuuuuuuiiiiiiii!!!!! A que huele el nuevo blog de Dunkel??? A COCO!!!! Personalmente, no me gusta el olor a coco, pero cada vez que lo huelo en alguna persona de la calle, me acuerdo de Dunkel y de ese día que entró en el Skoda de Laurix apestando a coco… que tiempo!!!
Enhorabueno por tu nuevo blog, te seguiré leyendo!!

Dunkelheit
29/11/2006 1:15

Gracias, gracias :___) pues no hay mejor olor que el de coco!! ni punto de comparación con el de frambuesa o vainilla!

lapidario
27/12/2006 17:43

Señor del Odio,
Encantado de pasar (a quedarme, al menos un rato) por este nuevo blog.
Eso sí, he de unirme a la objeción del coco. ¿Cómo es eso? Yo adoro el olor a coco, y me parece el mejor olor que pueda tener un baño, sobre todo si está terminado en madera sin tratar. Está claro que esos baños duran una siesta en la bañera: al salir, todo lo que ha rebosado empapa la madera y en ella, en su superficie y en sus entresijos, comienza a escala lo que comenzó en el planeta tierra… cuando comenzó Todo.
Nitrógeno, nubes de amoniaco, procesiones de carcoma, la monarquía…
Volvamos al presente: constatado mi amor por el coco y por los cuartos de baño perfectos y efímeros, he de decir que, sin duda, uno podría encontarse ese mismo olor en el cuarto de baño de un hippie.
Evidentemente, sería más probable que oliese aún más intenso, a pachulí extradulzarrón o a algún pseudoincienso venenoso mezclado con porro de hachis y Nobel. Pero el coco sería posible, sí; no hay forma humana de refutarlo.
Incluso, podría decirse que el coco sería plausible.
No obstante, yo que he aprendido tanto amor de una página que ha venido predicando el odio, me hago una capa del sayo de nuestra benevolencia y aplico sus mágicos efectos a la humana contradicción: o sea, a esa semejanza sonrojante, que queda pácticamente desaparecida. Bien.
Así que…
Ahora ya puedo decirlo: me gusta este nuevo blog. Me gusta su acabado intensamente sensorial.
Y ya me gustaba la mente preclara de su extrañante autor antes. Ahora, seguro estoy de que tanto o más.
Que la próxima vida laboral posterasmus le permita conservarla muchos años.
Y que, de todo ese tiempo por delante, se anime usted a dedicarme unos minutos de visita.
Desde aquí digo ¡Gracias! y me adelanto: Bienvenido
-Un viejo amigo

adastra
28/12/2006 21:52

Siguiendo sus pasos en la espesura, olfateando a su presa. Dejó aquel lugar para venir a este otro, pero ni un millón de flechas, ni un millón de ríos, ni un millón de años, lograría apartarlo de su rastro.

Estoy aquí, amigo mío. Sigo leyéndote.


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