La empresa del futuro
Metálica. Azul oscuro, como muy grisáceo, y caras impertérritas en trajes monótonos que convergen ambos sexos. Entran todos muy puntuales y caminan por un amplio, amplísimo recibidor en el que una reverberada voz femenina les conmina a la máxima eficiencia, la producción masiva, para gozo de quienes observan tras el cristal ahumado. Puede que suene una melodía difícil de apreciar. Puede que no. Siempre habrá grandes pantallas que mostrarán campos verdes y cielos azules, y una cara asiática sonriente que entra difuminada de cuando en cuando, con una sonrisa impoluta. No quieren enfadarla; en fila, todos pasan la prueba del iris, o de la gotita de sangre en el pulgar.
Todos quieren escapar de allí. Ir a otro planeta, o a una zona descontaminada a miles de kilómetros, o a un nivel de consciencia superior rodeado por numeritos verdes y terminales furiosas de telnet que imprimen datos incongruentes. Los que están en Marte quieren ir a la Tierra, porque allí aguardan expectantes sus mujeres y sus hijos -que ya atinan sus primeros bateos-. “Papá trabaja allí arriba, escribiendo a toda velocidad en un teclado flotante de luz”. “Tómate la lección o te cruzo la cara”. Los que están en la Tierra, desean fervorosamente ir a Marte, porque allí se les ha perdido algún sentimiento de ciencia ficción o un paseíto por el valle naranja con la pareja. “No tropieces o tus ojos engordarán hasta salir de sus cuencas y explotar, y no será una pesadilla”.
El camino hacia la libertad es duro, y está minado de guardias -todavía más grises- con enormes cascos y tarjetas magnéticas para acceder al cuarto nivel. Corren en falange aunque es muy fácil darles esquinazo; siempre hay un cuarto oscuro de cables y luces rojas parpadeantes en el que refugiarse, o una trampilla en el suelo en la que nadie ha reparado.
Miran a través de las pocas ventanas un mundo post-apocalíptico donde las briznas de hierba pueden ser peligrosas dagas programadas por “los de arriba” para aniquilar a los escasos héroes que esconden sus planes al siempre condescendiente escáner de iris. Siempre hay algún confidente asiático que les vende comida extraña y picante en los barrios bajos de neón, en los que siempre llueve y hay alcantarillas que exhalan vapores ponzoñosos. Él les ayudará. Les presentará a un científico demente, o a una mujer revolucionaria de pelo encardado y oxigenado.
No hay otra alternativa para el futuro. Todas las empresas serán esa empresa omnipresente. Hasta el puesto roñoso del amigo asiático es una franquicia de esa Omnigen, Skynet, Neotronics, o lo que sea; y desaparecerá en el subsuelo cuando el hombre tras el cristal ahumado pulse el botón. Ah… ¡el subsuelo! Qué bien se vive en las alcantarillas del futuro, junto a cíclopes, deformes y mutantes.
No te dejes llevar por este romanticismo. Sigue trabajando para Mutronics, y levántate cada día en tu habitáculo de cemento y acero. La pantalla plana del techo te dará los buenos días con campos verdes y amaneceres de telefilme lacrimoso. ¿Para qué malgastar energía corriendo de los guardias paramilitarizados y los mech bípedos? Tienes cubitos de avecrem que valen por la comida de todo un día, ¿para qué comer barro enmohecido en la Tierra, o barro sulfuroso en Marte? No lo estropees. Inyéctate algo de lo que encuentres en el frigorífico. Prototronics te observa.

12/04/2007 18:30
Ya decia yo que lo que estaba leyendo me sonaba a pelicula… Hace poco que me compre el DVD porque me llamaba la atención el título de la película y nunca la había visto. Merece la pena verla, aunque espero que no llegue a cumplirse nada de la misma ni de lo que tu cuentas… Bienvenido de nuevo al mundo en el que se sabe algo de ti!!! Y felicidades por tu añito en Amsterdam, estas dispuesto a cumplir dos?
24/04/2007 3:55
no dice nada
7/05/2007 14:47
Genial, aunque me recuerde a tantas películas XD
Me alegra volver a ver este diario activo, ya me iré pasando (aunque no me conozcas de nada XD)
20/10/2007 4:20
YO ESTABA BUSCANDO UNA TAREA Y ME ENCUENTRO CON TREMENDA PENDEJADA