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Archivo de Mayo de 2007

Propiedad intelectual 27/05/2007

Una gran reflexión ajena que ya tiene unos cuantos años:

Tengo una manzana y tú no tienes nada. Si te doy mi manzana, entonces tú tienes una manzana y yo no tengo nada.

En cambio, cualquier objeto “intelectual” que posea -una idea, un conocimiento, o la melodía hortera que parí anoche entre estertor y estertor- no lo perderé cuando te lo entregue. Tú lo tendrás, y yo también.

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Cómo administrar un diario electrónico 13/05/2007

Cualquier docente que se preste dibujará en el encerado, sin dilación alguna, una casa con un árbol que nadie será capaz de identificar. Está tratando, como el sapiente de la mano alzada ya ha averiguado, de extrapolizar la gestión clásica de las cabañas infantiles -o clubes de aventuras- al extraño e inconexo mundo de las nubes conceptuales de eso que la gente inteligente llama “Web 2.0″, que no es otra cosa sino prescindir del Comic Sans y las entidades marquesina a la hora de diseñar la misma porquería. No hay que perder la paciencia.

La primera tarea del buen administrador de un diario electrónico -o blog, para el alopécico mundano o el ama de casa- es enumerar reglas. Entendiéndose éstas por prohibiciones. Un hermoso cartel de madera adornará la entrada a la cabaña, conminando a la miseria a enemigos potenciales del huesped: judíos, gitanos, fascistas/comunistas, iPodistas/???istas, canonistas/nikonistas, payasos del Mac/payasos de Redmond, y demás ralea que, muy a pesar del huesped, será quien dé vida a la cabaña (lanzando guijarros, escupiendo a los invitados, rompiendo los cristales, prendiendo fuego al árbol, etcétera).

Es vital cuidar a los invitados del club: otorgarles carnés identificativos, promocionar prendas de ropa del conglomerado industrial, hacerles disfrutar de jugosas ofertas en los ultramarinos locales, entretenerles con pegadizas melodías corporativas -que inciten a una máxima productividad- a primera hora de la mañana y, en definitiva, hacerles sentir como en su propia casa. No es para menos, puesto que ellos son el combustible del ego del huesped, los engranajes de una perfecta máquina de replicar noticias estúpidas sobre una fresca del World of Warcraft que percibió 5.000 monedas de oro a cambio de ser montada, los enjironados remeros de un monstruoso barco vikingo o juggernaut, los Ringo Starrs de los Beatles, el verborréico software concatenador de sandeces de David Bisbamante, etcétera (de nuevo aquí).

Una vez la monstruosidad marina haya obtenido suficiente energía, aquéllos pueden ser arrojados por la borda o disparados a quemarropa con un rifle, previo aviso triplicado acogido al formato: "fuera de mi puta cancha, "+epíteto_racial+" de mierda". Siempre que se infrinja esta plegaria, el estado contempla el arte del asesinato como único recurso disponible, pudiendo así el huesped decorar las paredes con sangre caliente y glándulas pineales… para mascar.

¿Las franquicias? Obligatorias. Docenas de apasionantes campos no estarán cubiertos por el club -o cabaña- primigenio, asín que es menester abrir un nuevo diario, y otro, y otro más, y ordaguearlos todos elevándolos a un exponente de caca inconmesurable, que escapará a la eclipsada comprensión de los huéspedes, que pensarán que se trata de algo fresco y novedoso. Y empezarán a devorar vorazmente. A saber: blog de moda y tendencias, blog de gastronomía catalana y bares-buffet minimalistas de dudosa reputación, blog gafapastas en general y hediondo en particular, blog de crítica literaria. Los huéspedes pueden ser reciclados y reutilizados, pero hazles entrega de un nuevo carné. No seas tacaño u olerán tu miedo, y por lo tanto pasarán a engrosar las filas de tu némesis: un tal Krusher, que no sabe guardar en lugar seguro los dumps de la base de datos de la Frikipedia -menudo pazguato-, tan repletos de información confidencial.

La última entrada de la lista de normas y prohibiciones es, ineludiblemente, evitar a toda costa hablar de diarios electrónicos, blogs o movimientos Web 2.0; algo que es soez y patético que te cagas.

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Cosa rara nacional 13/05/2007

Nubarrones. Durante el último gran evento deportivo mundial, un gran sombrero inflable de sombrerero loco infumable se alzó sobre lo alto de la Heineken. Cada vez que los Países Bajos ganaban un partido, colocaban el escudo de la víctima, y éste parecía uno de esos ancianos entrañables que tiene la cazadora vaquera llena de porquería plástica.

Sólo pudieron clavar dos. O tres.

Después todo se esfumó, y los dueños que habían pintado sus bares de naranja chillón tuvieron que enfrentarse a  otros cuatro años sin clientela, a la abuela que fuma puros purgándose más que nunca por las mañanas y al hermano macarra con tupé oxigenado llenando la casa con más multas por pinchar ruedas.

Qué estará pasando ahora en las ventas de carretera de La Roda, me pregunto. Otra hazaña de España. Qué desperdicio de energía y pintura. Siempre estropeándolo. ¡Pedid coñac!

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