Cosa rara nacional
Nubarrones. Durante el último gran evento deportivo mundial, un gran sombrero inflable de sombrerero loco infumable se alzó sobre lo alto de la Heineken. Cada vez que los Países Bajos ganaban un partido, colocaban el escudo de la víctima, y éste parecía uno de esos ancianos entrañables que tiene la cazadora vaquera llena de porquería plástica.
Sólo pudieron clavar dos. O tres.
Después todo se esfumó, y los dueños que habían pintado sus bares de naranja chillón tuvieron que enfrentarse a otros cuatro años sin clientela, a la abuela que fuma puros purgándose más que nunca por las mañanas y al hermano macarra con tupé oxigenado llenando la casa con más multas por pinchar ruedas.
Qué estará pasando ahora en las ventas de carretera de La Roda, me pregunto. Otra hazaña de España. Qué desperdicio de energía y pintura. Siempre estropeándolo. ¡Pedid coñac!
