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Archivo de Agosto de 2007

Sueño lúcido 31/08/2007

Tanto leer sobre sueños lúcidos o tener fiebre me causa una sensación de irrealidad, y temo empezar a levitar de un momento a otro, o que el cielo se vuelva púrpura y broten de él densos tornados negros envueltos en relámpagos, una especie de Death Vortex.

Mi ordenador se relentiza hasta límites insospechados así que decido desenchufar el Youtube del hilo musical y embragar Radio 3 a través del MPlayer, que es más ligerito, y los presentadores tienen voces más narcóticas. Hay una base de datos no responde, la otra tampoco responde; hay un servidor que usan cientos o miles de niñitos para estudiar ciencias naturales que no responde, y un profesor de universidad escribe para decir que además se ha colado un taco de mensajes que anima a los pobres prepúberes a comprar Viagra a través de internet, y no me apetece nada responderle.

Lo que me apetece es dormir; echarme una siesta y después acostarme y despertarme con el olor de los bollos recién hechos, y darles un bocado y después cientos, o miles. Y tener un sueño lúcido y poder cambiar el color de las paredes a mi antojo en un campus toroide de absoluta ingravidez.

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Carta no publicada nº108 29/08/2007

(Otra carta mordaz enviada a la editorial equivocada y al destinatario equivocado que nunca llegó a ver la tinta. Andará en un tablón del pasillo o en manos de un abogado)

Buenos días, don Javier.

Gilipollas.

Del mismo modo que eliminaron el lapso de tiempo entre relámpago y trueno para evitar la confusión y los suicidios entre el público, en el cine y las series deberían abstenerse de colgar clichés habituales de treintañero de “7 vidas” en la boca de un niño de siete años. ¿Qué motivará a un canijo del año 2007 de Nuestro Señor a bromear sobre el bigote de Miguel de la Quadra-Salcedo? ¿O a mentar a “La Bola de Cristal”? ¿O comentar la última maniobra de Rajoy? No dejo de darle vueltas, señor Sardá. Uno no espera que ese renacuajo sea un experto en la parrilla televisiva de dos generaciones previas a la suya, ni ducho en política nacional, ni un prolífico crítico de jazz-fusión. Y mucho menos que ande construyendo frases graciosas de Gonzalo Tembleques sobre hipotecas, alopecia, impotencia, la hora del vermú, el partido de fútbol del siglo o los enredos románticos del spring break (???).

Les ruego reconsideren su línea de guiones, y les pongan a jugar con los Pokémon o a fracasar miserablemente en la tarea de encontrarse el agujero del culo, a ser posible en un estrado público y ante la guasa del vulgo, que arrojará despreocupadamente cacahuetes con mayor puntería que la del dedo índice convulso del pobre chaval. De lo contrario, la Yihad Carmesí hará llover fuego radiactivo sobre una importante ciudad estadounidense cada día; sangre por las putas paredes de su despacho. No soy otro anciano chiflado más.

Un papelito rápido de colaborador bocachanclas no le sobrará, ¿no?

O unas monedas.

Venga, amiguete.

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Como iba diciendo ayer… 29/08/2007

…paso más tiempo retocando el diseño del diario que escribiendo, y cada diez segundos tengo que cambiar de ventana y ojearlo de nuevo para ver si me sigue gustando. Normalmente un diseño me gusta durante varios minutos, después tengo que rehacerlo por completo. Éste seguramente lo mande al taco de diseños de Wordpress, porque no ha quedado tan mal como esperaba. Ahora solo me falta escribir.

El viernes presencié mi primera boda holandesa. En realidad no fue una boda sino un convite. Como ya sabéis, este tipo de ceremonias son guardadas con recelo por estos sect-arios, o tal vez masones. La única parte que no es exclusiva es la de pasar el sobre. Quieren escuchar cajas abiertas y monedas repicando.

No sabría cómo definir el evento. Fue algo como este vídeo. Sorprendente el hecho de que la bebida fuera gratis, ya que aquí rara vez te dan algo porque sí, salvo multas o penalizaciones legales. Desinfecté mi dolorida muela del juicio con un buen whisky, aprendí nuevas frases hechas en holandés e hice pompas de jabón, que debe ser el equivalente sibarita al lanzamiento de arroz.

Y no la debí regar como debía, porque el lunes llegué -ya sin agonizar- a una clínica dental. Recordé lo que me dijo mi padre antes del partido de fútbol:

Nunca vayas a una clínica dental en un país que no sea el tuyo.

Salí exangüe, obviamente.

Salvo mis encías todo marcha bien; los mininos siguen buscando una gatera nueva donde poner su cestita de mimbre y poder retozar horas y horas. No es fácil entenderse con la gente cuando maullas, ronroneas y tiendes a entretenerte con las borlas de las cortinas. La gente te observa y se hace preguntas. Es bueno para ellos. Que discurran mientras yo me voy a comer.