Alcalá de Henares
De Alcalá de Henares me gusta la zona del polideportivo.
La Avenida de la Virgen del Val, con esas terrazas veraniegas allí como por el final, que nunca son la misma; me pregunto si quedará alguna o si las habré soñado, dando por hecho que están. El María María, que anteriormente también era una de esas terrazas a pie de río con motivos náuticos y bebidas esotéricas. No sé si seguirá existiendo. El Centro Comercial El Val, con esos recreativos tan llenos de gitanillos y macarras, con sus cines roñosos, sus tiendas de tatuajes que luego resulta que eran la misma, su Burger King del distrito -lugar del ochenta por ciento de los cumpleaños del colegio-, y esa bóveda misteriosa tan llena de plantas y polvo. También tiene un Ahorramás, que es donde van las señoras del barrio, y también uno mismo cuando se queda sólo en casa y tiene que comprar muchas bolsas de patatas fritas y cocacola. Bueno, y cerveza.
Y todos los edificios de esa zona -este de la ciudad-, tan así. Por allí está, además, el que fue mi instituto. Rodeado de muchos otros institutos y de casas con piscina a las que íbamos los más populares -capitanes del equipo de rugby y animadoras- al hacer toros. Todas las calles de esa zona mezclan la modernidad de algún que otro edificio puntero en oficinas de uno a cinco empleados regordetes con corbata, que bajan al tomar el café a los bares elegantes con nombres anglosajones -como Nacho’s-, con el ambiente de barrio suburbano consuetudinario, el que se puede sentir en apogeo entre las dos y las tres de la tarde: calles desérticas, olor a san jacobos y ruido de cubiertos. También se huele de vez en cuando a suavizante o detergente cuando los patios de luces dan, en parte, al exterior.
Y la Calle Mayor, que no sé si seguirá siendo la calle soportalada más larga de Europa, pero anda que no he vuelto borracho a casa por ella. De día también tiene su encanto, sobre todo si no estás donde debes -en clase o trabajando-. Por ahí se amontonan todos esos sitios culturales a los que iba con el colegio de excursión. Amablemente nos ayudaban a conocer mejor la ciudad, yendo año tras año al mismo sitio, especialmente a la fábrica de dulces Fiesta. Pero un par de veces fuimos a conocer el casco antiguo y las ruinas de no sé qué corral. Si eres Cervantes te vas a sorprender.
El transporte público de la ciudad apesta, y hay algunos conductores de autobús bordes. ¡ZAS! En toda la boca. Otros son más gamberros y te hablan del botellón. Cada dos por tres la empresa municipal renueva la dotación de autobuses, y entonces son más modernos y aerodinámicos, pero eso sí: con menos asientos. Por eso cuando tuve coche ya empecé a frecuentar otros sitios a los que no iba por pura desidia. El Mercadona no era uno de ellos, porque estaba a tiro de piedra. Un sitio capaz de satisfacer las necesidades alimenticias y etílicas de cualquier joven nacional, con sus interesantes campañas de mercadotecnia y su implecable y brillante suelo de baldosas. Los jóvenes internacionales iban, por supuesto, al Lidl. La Dehesa en cambio no estaba tan cerca, y cada vez que vuelvo han cambiado más de la mitad de las tiendas. Bien ubicado, cerca del campus; con un Flunch en el que abusar de guarniciones en época de exámenes y en el que infestar de refresco las plantas en época de cumpleaños -unos ocho años antes de lo de los exámenes-. Un Hipercor lujoso en la zona más puntera de la ciudad -el único “rascacielos” está en ella-, cercado por un VIPS para ir a desayunar.
En botellón, por cierto, casi siempre en el O’Donnell: un parque de borrachos, y violentos con coches tuneados. Tamentor, nazis, y un recorte de periódico donde sale Víctor minimizando los efectos devastadores del botellón.
Creo que continuará. Con opinión de los bares de La Zona, por ejemplo.

3/09/2007 22:30
Yo tengo una pregunta: son tipicas las tapas en Alcala????? Osea, me pido un par de cervezas y ceno?
3/09/2007 23:29
En todos los años de carrera no llegamos a pasar del segundo bar. Primero en el Índalo de la C. Libreros, 1.65 euros por cerveza y tapa. Dos tapas. Después en el Churrasquito, que está justo un par de metros al lado, en la C. Mayor. Es un argentino que hace unas pizzas de muerte -las mejores que he probado en mi vida-. Por cada cerveza (1.5 euros), una porción de pizza. Ya se que no es muy castizo, pero merece la pena. Dos cervezas y para casa porque ya no puede moverse uno. Aunque en cualquiera de la C. Mayor se come muy bien, yo me encerré en esos dos durante años. Si vas y descubres alguno, cuéntamelo para ir la próxima vez que vaya para allá :D
4/09/2007 14:31
Tengo que hacer yo una visita gastronomica por Alcala! Asi que ya te contare! :P
5/09/2007 12:56
Las cuadras de Rocinante tambien estan genial, en una de las pequeñas calles que salen de la Mayor. Y si, sigue siendo la calle más larga soportolada, a mi me encanta!! De dia, de noche, pasear por ella me transporta fuera, porque cada vez que pasas por alli, algo es diferente, en serio.
En el centro comercial el Val, ya no hay cines, y en la Dehesa tampoco, ahora estan en Cuadernillos, aunque tampoco parece que tengan mucho exito.
El Maria Maria sigue en su sitio, a su ritmo, ea! Este verano ni nos hemos pasado, es lo que tiene un mes en la India.
El Mercadora, que me pilla al quinto culo de mi casa, no lo descubrí hasta que fui un día con Alex y Cia, y descubri esos otros productos que no te esperas, como el vodka rojo de dudosa procedencia, o esas cervezas de nombres extraños.
Tambien en la calle Mayor, han abierto un sitio donde tirarte tus propias cañas!!!
Este año, en las fiestas del pueblo de Miguel, se echó de menos la visita de un holandés (y de todos los demás). Estuve en la barra sirviendo toda la noche, dimos incluso perritos y bolsas de aperitivos. Estuvo muy bien. Fiesta a destacar de la geografía “Guadalajereña”: Taragudo!!!
Bienvenido al mundo blogero de nuevo Dun!!