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El club más selecto

Anteriormente conocido como El club más selecto de sólo dos miembros: mi miembro y yo, hasta que esos impresentables de Mamá Ladilla lo utilizaron en algún punto de nuestra línea histórica. Posteriormente nos autodemitificamos al anunciar que eramos unas tres personas más o menos y no una cifra fálica e imprecisa, pero ya importa poco lo relativo al nombre: le partí el codo a Juan Abarca en una letrina de su propio concierto y así quedó saldada la deuda kármica. Ahora no puede tocar la guitarra.

Extendémonos por cualquier campo moderno, colmándonos los nanomedios con los más golosos cumplidos: “el mejor del mundo en su sector o disciplina”, o “el primero que andó el camino cuando nadie daba un duro”. Porque cuando tú estabas jugando a lo del chavalín con gorrita de la Master System, ¡yo ya estaba escribiendo por lo menos en diez o quince blogs sobre cómo terminé el Monkey Island 2!

Mucha gente quiso escribir en diarios electrónicos y no podíamos permitírnoslo; ¿cómo se atreven a hacerlo sin rendirnos un sentido tributo en sus palabras o en sus recopilaciones de imágenes animadas o vídeos de catástrofes escolares? Intentamos minar su moral con numerosas réplicas de crítica ácida y destructiva, pero son muchos y aguantan histriónicamente. ¡No podíamos rebatir sus argumentos ni tampoco criticar su ortografía! Así que migramos a nuevos formatos vírgenes sin nadie en lo alto del podio que supusiese una dificultad para alcanzar la gloria nanomediática.

Así lo conseguimos en docenas de modalidades.

Ahora nos invitan a las olimpiadas virtuales de todas estas disciplinas, que acontecen en países tan amistosos como Corea (del norte), y allí nos alzamos siempre con la medalla de oro. ¡Atrás dejamos a geeks enfurecidos, gordos acomplejados y usuarios de Macintosh! Volverán a sus cubiles mascando tabaco de venganza y lamentándose. Y eso les daría que pensar…

…ya que mucha gente se lanzó tras nuestro éxodo cuando descubrió el vergel en el que ya parábamos. Si no éramos felices cuando éramos cuatro gatos, ¿cómo lo vamos a ser con veinte millones de usuarios en éxtasis?

Ésta es la paradoja de las plataformas de élite: detestan tanto la marginación underground como el gloria de las parties con diez mil campistas.

Una entrada publicada el Martes, 18 de Septiembre de 2007, a las 18:51. Catalogada en General, Historias Dantescas. Puedes estar al tanto de los comentarios mediante la sindicación RSS 2.0.

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