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Archivo de Septiembre de 2007

Síndrome de tienda de informática 04/09/2007

Vayas a la que vayas, siempre pasa lo mismo. Son todas iguales:

Déjame ir al almacén…

Vaya, pues no me queda. Aunque me llega un pedido dentro de una semana; si quieres pásate el lunes que viene. Pero tendrás que ser rápido, ¡rápido rápido rápido!, porque vendrá mucha gente a comprar este producto. Y no querrás esperar otra semana, ¿verdad?

Almacenes vacíos y dependientes en Babia por doquier. Nunca tienen lo que buscas, aunque sea el pan del negocio. A veces me gustaría dedicarme a la mercería.

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Alcalá de Henares 03/09/2007

De Alcalá de Henares me gusta la zona del polideportivo.

La Avenida de la Virgen del Val, con esas terrazas veraniegas allí como por el final, que nunca son la misma; me pregunto si quedará alguna o si las habré soñado, dando por hecho que están. El María María, que anteriormente también era una de esas terrazas a pie de río con motivos náuticos y bebidas esotéricas. No sé si seguirá existiendo. El Centro Comercial El Val, con esos recreativos tan llenos de gitanillos y macarras, con sus cines roñosos, sus tiendas de tatuajes que luego resulta que eran la misma, su Burger King del distrito -lugar del ochenta por ciento de los cumpleaños del colegio-, y esa bóveda misteriosa tan llena de plantas y polvo. También tiene un Ahorramás, que es donde van las señoras del barrio, y también uno mismo cuando se queda sólo en casa y tiene que comprar muchas bolsas de patatas fritas y cocacola. Bueno, y cerveza.

Y todos los edificios de esa zona -este de la ciudad-, tan así. Por allí está, además, el que fue mi instituto. Rodeado de muchos otros institutos y de casas con piscina a las que íbamos los más populares -capitanes del equipo de rugby y animadoras- al hacer toros. Todas las calles de esa zona mezclan la modernidad de algún que otro edificio puntero en oficinas de uno a cinco empleados regordetes con corbata, que bajan al tomar el café a los bares elegantes con nombres anglosajones -como Nacho’s-, con el ambiente de barrio suburbano consuetudinario, el que se puede sentir en apogeo entre las dos y las tres de la tarde: calles desérticas, olor a san jacobos y ruido de cubiertos. También se huele de vez en cuando a suavizante o detergente cuando los patios de luces dan, en parte, al exterior.

Y la Calle Mayor, que no sé si seguirá siendo la calle soportalada más larga de Europa, pero anda que no he vuelto borracho a casa por ella. De día también tiene su encanto, sobre todo si no estás donde debes -en clase o trabajando-. Por ahí se amontonan todos esos sitios culturales a los que iba con el colegio de excursión. Amablemente nos ayudaban a conocer mejor la ciudad, yendo año tras año al mismo sitio, especialmente a la fábrica de dulces Fiesta. Pero un par de veces fuimos a conocer el casco antiguo y las ruinas de no sé qué corral. Si eres Cervantes te vas a sorprender.

El transporte público de la ciudad apesta, y hay algunos conductores de autobús bordes. ¡ZAS! En toda la boca. Otros son más gamberros y te hablan del botellón. Cada dos por tres la empresa municipal renueva la dotación de autobuses, y entonces son más modernos y aerodinámicos, pero eso sí: con menos asientos. Por eso cuando tuve coche ya empecé a frecuentar otros sitios a los que no iba por pura desidia. El Mercadona no era uno de ellos, porque estaba a tiro de piedra. Un sitio capaz de satisfacer las necesidades alimenticias y etílicas de cualquier joven nacional, con sus interesantes campañas de mercadotecnia y su implecable y brillante suelo de baldosas. Los jóvenes internacionales iban, por supuesto, al Lidl. La Dehesa en cambio no estaba tan cerca, y cada vez que vuelvo han cambiado más de la mitad de las tiendas. Bien ubicado, cerca del campus; con un Flunch en el que abusar de guarniciones en época de exámenes y en el que infestar de refresco las plantas en época de cumpleaños -unos ocho años antes de lo de los exámenes-. Un Hipercor lujoso en la zona más puntera de la ciudad -el único “rascacielos” está en ella-, cercado por un VIPS para ir a desayunar.

En botellón, por cierto, casi siempre en el O’Donnell: un parque de borrachos, y violentos con coches tuneados. Tamentor, nazis, y un recorte de periódico donde sale Víctor minimizando los efectos devastadores del botellón.

Creo que continuará. Con opinión de los bares de La Zona, por ejemplo.

Oferta de empleo, para ti que eres joven y maleable 02/09/2007

¡Hoyga! Cadena privada de televisión musical corrosiva busca entrevistador callejero descerebrado.

Abierta una vacante en la filial de asaltos aleatorios a transeúntes, a razón de una lluvia de fuego y plomo sobre el último asalariado. Jugosos fajos de dólares esperan llenar la bañera enrobinada de tu apartamento. Pingüinos lustrosos te ofrecerán enormes puros habanos en cajas barnizadas allá donde vayas. Limusinas con piscina y señoritas neumáticas. Disputas a navaja con entendidos musicales acerca del último disco de la latina insolente de turno. ¿A qué esperas?

Entrevistarás a oblongos y dinosáuricos negratas de los suburbios neoyorquinos -¡no te entienden porque hablas en otro idioma!- dispuestos a coserte a tiros. Timidas turistas japonesas de risa fácil. Turistas japoneses perturbados por el tamaño de sus atributos -tampoco te entienden porque tampoco hablas en su idioma-. Ancianos visiblemente desorientados, sin pantalones o en zapatillas de andar por casa. Empastillados. Ancianas huidizas, escurridizas y/o violentas. Cincuentones salidos de partidita de dominó, mondadientes y carajillo.

Se valorará la capacidad de improvisar preguntas humillantes que sean capaces de aturdir a los entrevistados durante más de quince segundos. ¿Serás capaz de dejar al viandante balbuceando y comatoso, o deseando morir, o matar? Cuestiones escabrosas a gogo: erotismo octogenario, descripción de la habilidad sexual de las parejas, nazis, masturbación, etcétera. Gag del micrófono en toda la boca. Gag de callarse media hora y desconcertar al entrevistado. Gag de persecución al peatón. Otros gages. También deberá saber impartir clases de ofimática así como vender todo tipo de instrumentos musicales.

Imprescindible también: acentos histriónicos o sub-idiomas de paupérrimas regiones, vellosidad facial excéntrica y de formas infranqueables, frenillo en el paladar, cojera o cadera nerviosa, ojos albinos, rastas y costras, y en general cualquier desviación física o motora que permita catalogar -”El tarao catalán de la perilla”, “El tarao andaluz bizco”, “El anormal con micrófono”- y recordar al presentador con facilidad; siendo así su mera presencia una invitación infalible para la chiquillería y otras muchedumbres descerebradas a lanzarse cual horda hacia él para saludar a la cámara o hacer un calvo, sin ir más lejos.

Mentores de lujo: El cantante (guión) actor (guión) doblador de El canto del loco. El tarao catalán de las patillas. El chaval simpático (guión) actor (guión) doblador de la primera edición de Operación triunfo. El calvo bizco silencioso. Ese presentador de El club megatrix. Muchos más. Amplio abanico de ascensos. Viajes por todo el mundo. Viagra. Dinero. Vialis. Sexo. Propecia.

No incluye micrófono ni cadena de televisión musical corrosiva.