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Archivo de Noviembre de 2007

O’rla? 30/11/2007

Después de varios años agónicos con una única asignatura pendiente, hoy por fin me he licenciado, o diplomado, o graduado. Ahora podré dedicarme a no angustiarme con la universidad.

Allí aprendí muchas cosas: a no prender fuego a determinados tipos de jersey, a orientarme en un edificio toroidal y un larguísimo y abrumador etcétera, aunque no llegué a saber si mi carrera era licenciatura, diplomatura u otra cosa.

También aprendí ensamblador y otras habilidades sociales semejantes. Sí.

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Dirección y gestión de hecatombes 06/11/2007

No dejéis de gastaros todo el dinero que tengáis -y más- ahora que se avecina el fin del mundo por cambio climático.

Las grandes empresas lo agradecerán invirtiendo, seguramente, en aparatos ecológicos. Los que tienen el simbolito verde del reciclaje por doquier y vienen con un abstracto spot publicitario de una japonesa gesticulando, muchas nubes pasando a cámara rápida y un plano cenital de un grupo de yuppies corriendo a gran velocidad porque pierden un avión.

Tu miedo en nuestra cuenta de ahorros.

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Olor de cabeza 02/11/2007

Desde que leo 20minutos.es tengo como una especie de parálisis cerebral que bien podría deberse a la escritura prepúbere de sus chimpancés y a las densas diarreas negruzcas con las que contraatacan los lectores, y no libra del estupor el consuelo de que tan sólo sea la representación de un mínimo sector de la población.

Observo gente horrorizada ante la idea de que sus desgracias pasen a formar parte del gran olvido de la gran estadística, un vórtice con rayos y extrañas auras que todo lo devora. Incapaces de atender a razonamientos básicos para la perpetuación de la especie. Todo el mundo diciendo lo mismo, supliendo con argumentos de serie casposa de abogados sus deseos de lanzarse a la yugular de cualquiera de sus semejantes, ahogando el impulso primigenio del homicidio porque sí. Niños que se matan entre ellos, los lastres evolutivos del metro, el sudamericano vengador enmascarado, el delincuente nacional y el delincuente extranjero, el antitodo, el del panfleto y el tambor. Un largo etcétera de gente que bien podría desaparecer y dejar tras de sí un agradable aroma de ambientador de urinario público.

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