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Archivo de Diciembre de 2007

TOC 13/12/2007

Cuando salgo de casa compruebo que nadie haya cogido un grueso tubo metálico que hay apoyado en una esquina cercana a la puerta para atacarme con él.

Si sigue en su sitio, lo siguiente es colocar -tras una gran zancada- el pie izquierdo en paralelo a escasos dos centímetros de la puerta que está situada justo enfrente de la de casa, a la altura más lejana de la bisagra -para ofrecer mayor resistencia-, por si acaso hay alguien escondido tras ella aguardando para noquearme de un portazo. Esto no pasaría si la puerta no se abriese hacia adentro, pero me gusta barajar la idea de bloquear la puerta con gruesos maderos en caso de una posible invasión flamenca o danesa.

Antes de descender el primer escalón, vuelvo a casa para comprobar que todos y cada uno de los medianos y pequeños electrodomésticos están desenchufados, y que las inmediaciones de las clavijas están libres de objetos que pudiesen provocar un incendio en caso de que cayesen en una curiosa e improbable postura.

Tampoco escatimo atención a otras fuentes de fuego: me aseguro varias veces de que las cuatro fuentes de gas estén bien cerradas y de que los mecheros no permanecen sobre ninguna superficie que arda con facilidad, no sea que exploten por arte de magia.

Salgo de nuevo de casa y, si veo que voy bien de tiempo, repito otra vez el ritual. Al cabo de quince minutos pedaleando, recuerdo que he olvidado comprobar si he cerrado bien la puerta. Al final, siempre llego tarde al trabajo.

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