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Archivo de ‘Amsterdam’

Godverdomme 08/09/2007

Godverdomme es mi palabra predilecta del neerlandés.

Jótfordóma, viene a sonar, y es la invocación de las más abominables maldiciones divinas sobre aquél que la pronuncia.

Se dejan media garganta en la primera J, y cuanto más reiteran el Jót, más vehemente es la plegaria.

Que Dios me maldiga, viene a significar. Y te imaginas un torrente así como negro y viscoso, con halo purpúreo y pequeños relámpagos, cayéndo del techo sobre tu cabeza.

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Como iba diciendo ayer… 29/08/2007

…paso más tiempo retocando el diseño del diario que escribiendo, y cada diez segundos tengo que cambiar de ventana y ojearlo de nuevo para ver si me sigue gustando. Normalmente un diseño me gusta durante varios minutos, después tengo que rehacerlo por completo. Éste seguramente lo mande al taco de diseños de Wordpress, porque no ha quedado tan mal como esperaba. Ahora solo me falta escribir.

El viernes presencié mi primera boda holandesa. En realidad no fue una boda sino un convite. Como ya sabéis, este tipo de ceremonias son guardadas con recelo por estos sect-arios, o tal vez masones. La única parte que no es exclusiva es la de pasar el sobre. Quieren escuchar cajas abiertas y monedas repicando.

No sabría cómo definir el evento. Fue algo como este vídeo. Sorprendente el hecho de que la bebida fuera gratis, ya que aquí rara vez te dan algo porque sí, salvo multas o penalizaciones legales. Desinfecté mi dolorida muela del juicio con un buen whisky, aprendí nuevas frases hechas en holandés e hice pompas de jabón, que debe ser el equivalente sibarita al lanzamiento de arroz.

Y no la debí regar como debía, porque el lunes llegué -ya sin agonizar- a una clínica dental. Recordé lo que me dijo mi padre antes del partido de fútbol:

Nunca vayas a una clínica dental en un país que no sea el tuyo.

Salí exangüe, obviamente.

Salvo mis encías todo marcha bien; los mininos siguen buscando una gatera nueva donde poner su cestita de mimbre y poder retozar horas y horas. No es fácil entenderse con la gente cuando maullas, ronroneas y tiendes a entretenerte con las borlas de las cortinas. La gente te observa y se hace preguntas. Es bueno para ellos. Que discurran mientras yo me voy a comer.

Ayer hizo un año que… 02/04/2007

…me vine a vivir a Amsterdam -dejándolo todo atrás- para encontrar un tesoro divino -que encontré-. Infinitas gracias por atender mis plegarias y permitirme ser tu idólatra fanático y mayor venerador, y por no castigarme con diluvios coléricos de gatos enfurruñados y ariscos.

Después de un año, ya balbuceo mejor este extraño idioma francogermanosajón, y el campanario del barrio que repica ininterrumpidamente cada quince minutos ya no me despierta de madrugada. De hecho, nunca llegó a despertarme. Es maravilloso desarrollar tolerancia a algo que nunca te provocó nada en absoluto hasta llegar a un punto en que siga sin producirte nada en absoluto. No he desarrollado tolerancia alguna, en cambio, a la droga. Cada bocanada de humo verde con forma de calavera que inspiro me sigue colocando como si fuera la primera.

Hoy pensaba comprar un par de tartas para celebrar y compartir con los del trabajo, pero entonces encontré esta moneda. Ésta, ésta precisamente. Es mía. Mí deseo. Y nunca me lo comí. Así que me las como. ¡Me las como todas!

Algún eunuco gilipollas 16/01/2007

–¿Aún tienes tu Locomotief?
–¿Sabes lo que algún capullo hizo el otro día?
–¿Qué?
–Robármela.
–Hmm… tío, es es una putada.
–Y que lo digas. Lo he tenido en la calle ocho meses, llevaba tres días sin cogerla y algún eunuco gilipollas me la robó.
–A ese deberían matarle, tío. Sin juicio ni jurado, ejecutado directamente.
–Ojalá le hubiese cogido haciéndolo. Con tal de cogerle no sé lo que habría dado. Sólo por pillarle haciéndolo habría valido la pena que lo hiciera.
–¡Qué hijo de puta!
–¿Qué podría ser más rastreo que robarle la bicicleta a un hombre? En fin, no hay que joderle el vehículo a otro.
–Eso no se hace…
–Va contra las reglas.

Petardos de Nochevieja 31/12/2006

Desde hace dos días, algunas tiendas echan burbujitas de jabón para llamar la atención de los críos, esos bípedos que andan erráticos, gravitando hacia piernas de adulto con enormes botas militares hasta estrellarse. O mejor dicho, para que graviten hacia sus escaparates. Nunca fallan. Normalmente los padres –o tutores legales– les castigan restregando con ímpetu sus cabezas contra el cristal, animando así la tarde del dependiente, que puede ver como un crío –sí, el bípedo de antes– lo pringa todo de babas y mocos.

Aquí, los días previos a Nochevieja son la temporada alta de la venta de petardos y fuegos artificiales, o vuurwerk. Burbujitas, globos y enormes carteles se comen a docenas de clientes al día, que buscan en la pólvora la compensación freudiana de algún tipo de carencia fálica, al igual que sucede con los coches. Y hoy, día treinta treinta y uno, he perdido la cuenta de las alarmas de coche que han saltado en la estrecha calle en la que vivimos. Estrecha y además oscura, por lo que salir mañana esta noche después de las uvas en pos de una buena fiesta será, cuanto menos, peligroso. Me sentiré cómo el protagonista de algún videojuego de plataformas. Se podían meter los petardos por el culo.

Venga, que este año termina el mundo. Esos sucios judíos de nariz aguileña harán llover fuego nuclear sobre toda Europa. ¡Feliz 2007!

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