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Archivo de ‘Atmita’

Horas 06/12/2006

Disfruto al dedicar un periodo de tiempo a algo totalmente diferente a lo que todos esperan de él. Creo que lo descubrí con las primeras pellas y/o enfermedades simuladas: me encanta deambular por las mañanas; pasear por el centro, ir a tomar algo a bares de tapas que a otras horas estarían abarrotados, ver a las señoras con sus carros de la compra y escuchar la armónica del afilador de navajas –nada que ver con el organillo romaní del mercado de los domingos–. En ese periodo la mañana huele, o se percibe, diferente.

Después, en la universidad, descubrí el placer de estudiar de noche, cuando la mayoría de mis contemporáneos descansan. No hay horas más tranquilas que las que transcurren bajo un flexo, con la compañía musical de Soma FM, la espiritual de un Red Bull, y con la intringa de qué estará haciendo la restante y escasa gente despierta a las cuatro de la madrugada. En ese periodo la noche sabe, o se percibe, diferente.

Ahora, que ya casi he terminado la universidad, prefiero invertir horas y horas de sueño en actividades de subterfugio: Observarte. Estudiarte. Admirarte. Por supuesto, mientras duermes: no hay horas en la vida más tranquilas y llenas de significado que las que invierto escuchando tu respiración. En ese periodo la noche huele, sabe, y se percibe, diferente.

Obertura 27/11/2006

En el capítulo anterior…

No, no. No es la mejor forma de empezar un nuevo episodio. Lo corrijo: Gracias al capítulo anterior, mi vida viró ciento ochenta grados y cambió por completo. Quizá la aguja no variara ese número de grados con total precisión, pero sí lo suficiente hasta apuntar al corazón de mi atmita. Hace exactamente un año y un día me preguntaba por qué tenía que permanecer parado a miles de kilómetros de distancia cuando esa brújula tiraba de mí con ininterrumpida violencia hacia el nor-noreste. Cinco largos, largos, larguísimos meses después mi alma pudo descansar a su lado. Y todo gracias al capítulo anterior. Y a una serie de coincidencias, tan delgadas y frágiles como un hilo, que nos permitió encontrarnos de nuevo.
Escribir en este diario cambió mi vida. Realmente me apena tener que continuar su escritura en otro lugar, pero mi antiguo proveedor de hojas frescas y perfumadas empezó a fallar con demasiada frecuencia, y empecé a sentirme claustrofóbico. Por eso me he mudado a este dominio, donde puedo repartir hachazos a diestro y siniestro, destrozando hojas de estilo sin limitación alguna. No obstante no puedo quejarme de La Coctelera, la comunidad donde antaño escribía, pues es otro eslabón más que nos condujo a mi atmita y a mí a una nueva unión, y por ello estaré eternamente agradecido. Sé que habrá muchos y celebrados cambios que la convertirán en una mejor plataforma para publicar, y que escribiendo en solitario perderé la sensación de pertenencia a un gentío alborotado de buenos escritores –y mejores personas–; pero ésto es algo que me apetece hacer.

Esto no es una segunda parte, sino una mudanza. No me gustan las segundas partes. Mirad a ese chaval –¿Álex?– de la primera entrega de Operación Triunfo, que ahora es el fichaje estelar en su enésima parte. Un fichaje estelar. Un fichaje estelar. Un fichaje estelar. (Un fichaje estelar se funde poco a poco con la siguiente escena onírica…)
–¿Y qué haces, hijo? ¿das clase de canto? ¿de baile? –preguntó el anciano, sentado en su taburete-orinal.
–Pues… ahora presento un chat de mensajes de texto.
–Ah…
Yo, mentalmente, añadía una pausa dramática de varios minutos, adornada con perlas de originalidad: sudor, mirada hacia el suelo, calada nerviosa a un cigarrillo arrugado y empapado por el casi-agua de la lluvia ácida, un mimo, y un largo etcétera; y al final, previa entrada de una melodía de violín, concluía su sentencia: …pero me han dicho que diga que vamos a ser muy gamberros. Y el viejo se orinó en los pantalones. Por eso detesto a ese tipo, y las segundas partes, y los centros geriátricos. Intentaré seguir cuidando mi ortografía y no volver a escribir entradas de una o dos líneas de texto.

Los contenidos de este nuevo diario están administrados con WordPress, con el cual estoy bastante satisfecho: me permite ser duro, pero a la vez justo, con las páginas que cuelgan aquí. Es muy completo, tanto que –sumado a mi falta de tiempo y a su paupérrima documentación– me supera con creces. El diseño corre de mi cuenta, y no tiene título pero sí olor: a cuarto de baño impoluto, impecable, y perfumado con esencia de coco. Tan limpio que los papás y las mamás dejan a sus niños lamer las esquinas y los recovecos con total confianza. Con una sonrisa en la cara. Los numerosos iconos que pueblan el diario los obtuve en famfamfam.com, y son una delicia. Y, como bien reza la letra pequeña, siento mucho todo el rollo web 2.0 y accesibilidad para sordomudos, pero realmente me apetecía hacer la pijada, e intentar hacerla bien. Lo mejor que pueda. Por esto no es otra cosa que un regalo eterno, una dedicación absoluta a la persona que más amo. Y se merece lo mejor del mundo.

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Meine Ehre heißt Treue 22/08/2006

El escorpión recorrerá cuantas existencias sean necesarias, sin descansar ni una sóla, para encontrarla. Aunque sumen millares; aunque le envuelvan en desgracias y dolor, tentándole otrora con caminos más sencillos y cómodos, no olvidará cuál es su destino.
Le conduce una energía que trasciende de la imaginación y los lazos de la realidad, que será su aliento en las situaciones más adversas, reincorporándole cuando la desesperación le hunda en el barro y otorgándole fuerza sobrehumana cuando sea incapaz de descargar su aguijón contra quien interfiera en su propósito.
Ella anunciará el reencuentro cuando deflagre en su pecho, anudando sus entrañas y haciéndole enmudecer; y la pena sufrida en el transcurrir de las centurias será ínfima comparada con la naturaleza de la primera mirada que conecte al escorpión con su atmita. Durante una vida más.

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Rima LXXIV 19/08/2006

Suelo enlazar recuerdos cuando busco la inspiración, empezando por lo más aleatorio que se me ocurra, y al final…

Génesis (la banda de rock progresivo). La Azohía, cerca de Mazarrón. Puestos de hippies. Mi padre haciéndose un pendiente. Dos meses sin televisión. La casa de Falcon Crest de mi tía abuela. Un patio interior con jardín y fuente. Una piscina de agua verde. Granizado de malta (sucedáneo de café). Yaya, ¿tú crees que voy a vomitar?. Un coche que se para. Un niño con gafas vomitando. Viernes. La Bomby, seudónimo ganado por una profesora que -según la leyenda- mostró un pezón en clase por descuido. Indigestión de lentejas. Una secretaria parecida a Rose de Chicas de Oro. Salir de la bañera. Canción triste de Hill Street. Mis coches de juguete. Un personaje invisible que conducía, y que se llamaba Pippín (¿cómo coño sabría ese nombre sin habérmelo leído?). Los Hordak. Dibujos sanguinolentos. Las bombas atómicas sólo causan muerte, hijo. En coche con mi tío. Otro horizonte murciano. ¡Menudos hombros tienes!. Un videojuego de Mickey Mouse, para la Sega Master System II. Mi Game Gear. Olor a adaptador de corriente quemado. Muelles de alquería. Niño con gafas cayendo por la escalera de la piscina. Niño con gafas con la pierna llena de sangre, en otra piscina diferente. No quiero ir a clase de natación, ¡ya sé nadar!. Un tal Carles. La fiesta de cumpleaños de mi prima, abarrotada de gente que no conozco. Coscorrón con una caña de pescar. El tipo alto de Faemino y Cansado se enfada conmigo por fastidiarle la pesca. Red y cubo. Un niño con gafas y calzoncillos cazando ranas en la acequia. Olor a Seat Málaga. Un área de descanso de la autopista con un canguro. Sobres de azúcar gratis. Comiditas. Mezclas, potingues, experimentos. Potente líquido azul. Guadalajara. Yoga. Una babosa. ¡Me da vergüenza ducharme aquí! Purificación yóguica de la garganta mediante el vómito inducido. ¿Ves? No pasa nada. ¿Ves? ¿A que te has quedado más agusto? Alcampo. Amenaza de bomba. Gente corriendo hacia una arboleda cercana. Riachuelos de pueblos perdidos de la mano de su respectiva deidad o entidad dominante. No quiero. Aburrimiento. Ir a tomar café en una cafetería cualquiera, pero a 20 kilómetros. Máquinas recreativas estropeadas. Un vaquero que se mueve tal que así, arriba y abajo. Cinco duros. Gitanos. Cheers. La letra “L”. Guadalajara. Mañanas frías, gélidas, con olor a leño quemado. Autobuses. Noches frías, gélidas, con sabor a vodka. Carreras. Taquicardia. Nervios. Me tiembla el brazo, tanto que apenas puedo cargar mi maleta. Escaleras mecánicas horizontales. Gente hablando en holandés. Nudos en el estómago. Más nervios avec debilidad en las piernas. Encontrarte. Reconocerte. Deflagración incombustible en algún lugar del pecho, muy fácil de ubicar pero muy difícil de encontrar. Tú, mi atmita, mi musa.

…la encuentro en ti. Y lo que hay más allá escapa al lenguaje.

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256 03/07/2006

Un viejo artículo que escribí en mi antiguo diario cuando cumplí las 256 regurjitaciones

El rufián que intentare descifrar el contenido de este mapa, pagará su osadía con la más terrible de las muertes.

En el momento en que yo cuelgue este artículo serán dos elevado a ocho (28), es decir, doscientos cincuenta y seis (256) el número de artículos publicados desde que, casualmente, un ocho de agosto empezase a escribir.
En días tan adrede buscados, uno piensa en todas las cosas de provecho que le ha regalado este diario secreto tan al alcance de todos —en general— y de Google —en particular—, que no sería nada sin la vorágine de comentarios que se dan y se reciben en este estrato de la blogosfera-huevo. Así pues, en este no-cumpleaños tan especial, doy las gracias a Lolth por haberos conocido a todos vosotros, que tan a menudo dejáis vuestras impresiones por este lugar, aun cuando yo no lo haga en el vuestro con vuestra misma frecuencia, ya que sigo sin ordenador en casa.
Pero sobre todo, sobre todo: gracias a ti, que tienes brillantina en las mejillas, cascabeles, artilugios inverosímiles en la mochila y orejas puntiagudas de duende, por existir. Y por permitirme compartir esa existencia. Y por ser una Goonie. Y por no haberte subido en el cubo de Troy. Hoy no sería nada sin ti; o tal vez sería otra cosa, pero peor: más gris y con algunas telarañas. Gracias por dar sentido a mi vida. Ik hou van je, mijn prinses.
A por 256 posts más.