Disfruto con lo Caótico y lo inesperado; me produce un cosquilleo de satisfacción en el estómago, y es algo que todavía no me he parado a estudiar demasiado. Así que habrá que dejarlo en que, por algún motivo, disfruto con todo lo que rompe las reglas de lo que se puede esperar. Hasta la palabra “Caos” me encanta. Ya lo he dicho en varias ocasiones.
Sacrificarse. O inmolarse. Me parece de lo más Caótico, ya que rompe con el -creo- más fuerte de los instintos: el de supervivencia. Y también con otro que a día de hoy se ha tornado tan fuerte como éste (o más): el ego.
El Orden dentro del Caos.
Decididamente, no podría vivir sin Orden. Rodeado por el Caos, hay un mínimo espacio de Orden. En la inmolación, el Orden sería la razón. No el final. Mi Orden también es algo elegido al azar, por propia voluntad. Mucha gente decide morir por su fé. Algunos deciden matar. Pues maldita sea su fé. Y que levante la mano aquella fé que a lo largo de su existencia no haya derramado sangre. Otros deciden morir por su país, por algo intangible a lo que llaman patria, pero que tanto odio y muerte genera. A ellos no les retrasaría ni un sólo segundo su deseo. Los demás vivirían más agusto.
Yo moriría por algo tan caótico -pero con tanto sentido- como una mujer. Me da igual que te parezca mal; yo no podría encontrar una muerte mejor. Sí, sé que seguramente muera de cáncer, o en un accidente de tráfico, o de un infarto, o de alguna manera graciosa y sin sentido -un rayo debajo de un árbol, tropezándome al jugar al fútbol, asfixiándome con una bolsa del Carrefour, etc. etc.-; pero si se me otorga al oportunidad, o si en algún momento está en mi mano elegirlo, moriría por una de Ellas. No me guardaría tal momento como muchos guardan su propio orgullo u honor, ni intentaría retrasarlo con las excusas de siempre. Llevar a la práctica el tan manido y abusado ideal romántico, aleatoriamente y sin avisar.
Muchos encuentran a Dios bajo una estatua crucificada, o bajo un triángulo con un ojo inscrito dentro. Otros lo hacen bajo el mismo triángulo, pero esta vez dibujado en un billete verde.
Yo lo encuentro en ti. Mi Religión.