Carta no publicada nº108 29/08/2007
(Otra carta mordaz enviada a la editorial equivocada y al destinatario equivocado que nunca llegó a ver la tinta. Andará en un tablón del pasillo o en manos de un abogado)
Buenos días, don Javier.
Gilipollas.
Del mismo modo que eliminaron el lapso de tiempo entre relámpago y trueno para evitar la confusión y los suicidios entre el público, en el cine y las series deberían abstenerse de colgar clichés habituales de treintañero de “7 vidas” en la boca de un niño de siete años. ¿Qué motivará a un canijo del año 2007 de Nuestro Señor a bromear sobre el bigote de Miguel de la Quadra-Salcedo? ¿O a mentar a “La Bola de Cristal”? ¿O comentar la última maniobra de Rajoy? No dejo de darle vueltas, señor Sardá. Uno no espera que ese renacuajo sea un experto en la parrilla televisiva de dos generaciones previas a la suya, ni ducho en política nacional, ni un prolífico crítico de jazz-fusión. Y mucho menos que ande construyendo frases graciosas de Gonzalo Tembleques sobre hipotecas, alopecia, impotencia, la hora del vermú, el partido de fútbol del siglo o los enredos románticos del spring break (???).
Les ruego reconsideren su línea de guiones, y les pongan a jugar con los Pokémon o a fracasar miserablemente en la tarea de encontrarse el agujero del culo, a ser posible en un estrado público y ante la guasa del vulgo, que arrojará despreocupadamente cacahuetes con mayor puntería que la del dedo índice convulso del pobre chaval. De lo contrario, la Yihad Carmesí hará llover fuego radiactivo sobre una importante ciudad estadounidense cada día; sangre por las putas paredes de su despacho. No soy otro anciano chiflado más.
Un papelito rápido de colaborador bocachanclas no le sobrará, ¿no?
O unas monedas.
Venga, amiguete.
