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Archivo de ‘Historias Dantescas’

El club más selecto 18/09/2007

Anteriormente conocido como El club más selecto de sólo dos miembros: mi miembro y yo, hasta que esos impresentables de Mamá Ladilla lo utilizaron en algún punto de nuestra línea histórica. Posteriormente nos autodemitificamos al anunciar que eramos unas tres personas más o menos y no una cifra fálica e imprecisa, pero ya importa poco lo relativo al nombre: le partí el codo a Juan Abarca en una letrina de su propio concierto y así quedó saldada la deuda kármica. Ahora no puede tocar la guitarra.

Extendémonos por cualquier campo moderno, colmándonos los nanomedios con los más golosos cumplidos: “el mejor del mundo en su sector o disciplina”, o “el primero que andó el camino cuando nadie daba un duro”. Porque cuando tú estabas jugando a lo del chavalín con gorrita de la Master System, ¡yo ya estaba escribiendo por lo menos en diez o quince blogs sobre cómo terminé el Monkey Island 2!

Mucha gente quiso escribir en diarios electrónicos y no podíamos permitírnoslo; ¿cómo se atreven a hacerlo sin rendirnos un sentido tributo en sus palabras o en sus recopilaciones de imágenes animadas o vídeos de catástrofes escolares? Intentamos minar su moral con numerosas réplicas de crítica ácida y destructiva, pero son muchos y aguantan histriónicamente. ¡No podíamos rebatir sus argumentos ni tampoco criticar su ortografía! Así que migramos a nuevos formatos vírgenes sin nadie en lo alto del podio que supusiese una dificultad para alcanzar la gloria nanomediática.

Así lo conseguimos en docenas de modalidades.

Ahora nos invitan a las olimpiadas virtuales de todas estas disciplinas, que acontecen en países tan amistosos como Corea (del norte), y allí nos alzamos siempre con la medalla de oro. ¡Atrás dejamos a geeks enfurecidos, gordos acomplejados y usuarios de Macintosh! Volverán a sus cubiles mascando tabaco de venganza y lamentándose. Y eso les daría que pensar…

…ya que mucha gente se lanzó tras nuestro éxodo cuando descubrió el vergel en el que ya parábamos. Si no éramos felices cuando éramos cuatro gatos, ¿cómo lo vamos a ser con veinte millones de usuarios en éxtasis?

Ésta es la paradoja de las plataformas de élite: detestan tanto la marginación underground como el gloria de las parties con diez mil campistas.

Oferta de empleo, para ti que eres joven y maleable 02/09/2007

¡Hoyga! Cadena privada de televisión musical corrosiva busca entrevistador callejero descerebrado.

Abierta una vacante en la filial de asaltos aleatorios a transeúntes, a razón de una lluvia de fuego y plomo sobre el último asalariado. Jugosos fajos de dólares esperan llenar la bañera enrobinada de tu apartamento. Pingüinos lustrosos te ofrecerán enormes puros habanos en cajas barnizadas allá donde vayas. Limusinas con piscina y señoritas neumáticas. Disputas a navaja con entendidos musicales acerca del último disco de la latina insolente de turno. ¿A qué esperas?

Entrevistarás a oblongos y dinosáuricos negratas de los suburbios neoyorquinos -¡no te entienden porque hablas en otro idioma!- dispuestos a coserte a tiros. Timidas turistas japonesas de risa fácil. Turistas japoneses perturbados por el tamaño de sus atributos -tampoco te entienden porque tampoco hablas en su idioma-. Ancianos visiblemente desorientados, sin pantalones o en zapatillas de andar por casa. Empastillados. Ancianas huidizas, escurridizas y/o violentas. Cincuentones salidos de partidita de dominó, mondadientes y carajillo.

Se valorará la capacidad de improvisar preguntas humillantes que sean capaces de aturdir a los entrevistados durante más de quince segundos. ¿Serás capaz de dejar al viandante balbuceando y comatoso, o deseando morir, o matar? Cuestiones escabrosas a gogo: erotismo octogenario, descripción de la habilidad sexual de las parejas, nazis, masturbación, etcétera. Gag del micrófono en toda la boca. Gag de callarse media hora y desconcertar al entrevistado. Gag de persecución al peatón. Otros gages. También deberá saber impartir clases de ofimática así como vender todo tipo de instrumentos musicales.

Imprescindible también: acentos histriónicos o sub-idiomas de paupérrimas regiones, vellosidad facial excéntrica y de formas infranqueables, frenillo en el paladar, cojera o cadera nerviosa, ojos albinos, rastas y costras, y en general cualquier desviación física o motora que permita catalogar -”El tarao catalán de la perilla”, “El tarao andaluz bizco”, “El anormal con micrófono”- y recordar al presentador con facilidad; siendo así su mera presencia una invitación infalible para la chiquillería y otras muchedumbres descerebradas a lanzarse cual horda hacia él para saludar a la cámara o hacer un calvo, sin ir más lejos.

Mentores de lujo: El cantante (guión) actor (guión) doblador de El canto del loco. El tarao catalán de las patillas. El chaval simpático (guión) actor (guión) doblador de la primera edición de Operación triunfo. El calvo bizco silencioso. Ese presentador de El club megatrix. Muchos más. Amplio abanico de ascensos. Viajes por todo el mundo. Viagra. Dinero. Vialis. Sexo. Propecia.

No incluye micrófono ni cadena de televisión musical corrosiva.

Cómo administrar un diario electrónico 13/05/2007

Cualquier docente que se preste dibujará en el encerado, sin dilación alguna, una casa con un árbol que nadie será capaz de identificar. Está tratando, como el sapiente de la mano alzada ya ha averiguado, de extrapolizar la gestión clásica de las cabañas infantiles -o clubes de aventuras- al extraño e inconexo mundo de las nubes conceptuales de eso que la gente inteligente llama “Web 2.0″, que no es otra cosa sino prescindir del Comic Sans y las entidades marquesina a la hora de diseñar la misma porquería. No hay que perder la paciencia.

La primera tarea del buen administrador de un diario electrónico -o blog, para el alopécico mundano o el ama de casa- es enumerar reglas. Entendiéndose éstas por prohibiciones. Un hermoso cartel de madera adornará la entrada a la cabaña, conminando a la miseria a enemigos potenciales del huesped: judíos, gitanos, fascistas/comunistas, iPodistas/???istas, canonistas/nikonistas, payasos del Mac/payasos de Redmond, y demás ralea que, muy a pesar del huesped, será quien dé vida a la cabaña (lanzando guijarros, escupiendo a los invitados, rompiendo los cristales, prendiendo fuego al árbol, etcétera).

Es vital cuidar a los invitados del club: otorgarles carnés identificativos, promocionar prendas de ropa del conglomerado industrial, hacerles disfrutar de jugosas ofertas en los ultramarinos locales, entretenerles con pegadizas melodías corporativas -que inciten a una máxima productividad- a primera hora de la mañana y, en definitiva, hacerles sentir como en su propia casa. No es para menos, puesto que ellos son el combustible del ego del huesped, los engranajes de una perfecta máquina de replicar noticias estúpidas sobre una fresca del World of Warcraft que percibió 5.000 monedas de oro a cambio de ser montada, los enjironados remeros de un monstruoso barco vikingo o juggernaut, los Ringo Starrs de los Beatles, el verborréico software concatenador de sandeces de David Bisbamante, etcétera (de nuevo aquí).

Una vez la monstruosidad marina haya obtenido suficiente energía, aquéllos pueden ser arrojados por la borda o disparados a quemarropa con un rifle, previo aviso triplicado acogido al formato: "fuera de mi puta cancha, "+epíteto_racial+" de mierda". Siempre que se infrinja esta plegaria, el estado contempla el arte del asesinato como único recurso disponible, pudiendo así el huesped decorar las paredes con sangre caliente y glándulas pineales… para mascar.

¿Las franquicias? Obligatorias. Docenas de apasionantes campos no estarán cubiertos por el club -o cabaña- primigenio, asín que es menester abrir un nuevo diario, y otro, y otro más, y ordaguearlos todos elevándolos a un exponente de caca inconmesurable, que escapará a la eclipsada comprensión de los huéspedes, que pensarán que se trata de algo fresco y novedoso. Y empezarán a devorar vorazmente. A saber: blog de moda y tendencias, blog de gastronomía catalana y bares-buffet minimalistas de dudosa reputación, blog gafapastas en general y hediondo en particular, blog de crítica literaria. Los huéspedes pueden ser reciclados y reutilizados, pero hazles entrega de un nuevo carné. No seas tacaño u olerán tu miedo, y por lo tanto pasarán a engrosar las filas de tu némesis: un tal Krusher, que no sabe guardar en lugar seguro los dumps de la base de datos de la Frikipedia -menudo pazguato-, tan repletos de información confidencial.

La última entrada de la lista de normas y prohibiciones es, ineludiblemente, evitar a toda costa hablar de diarios electrónicos, blogs o movimientos Web 2.0; algo que es soez y patético que te cagas.

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Retahíla 08/01/2007

Una retahíla… eh…

Como consecuencia de mi tonteo con las drogas, estoy perdiendo muchísimo vocabulario.

Retahíla… hmmm…

Siempre que quiero asegurarme de que mi memoria está en buen estado, intento recordar a dos actores cuyos nombres siempre olvido: Bruce Willis y Sean Connery. Bien. Los he recordado. Ahora me siento más tranquilo, y puedo seguir buscando la palabra que define estos párrafos, y que no es fascista.

Allá vamos. Venga. Una retahíla… nrgh. Cuando intengo recordar esa palabra me viene el juego Populous a la mente. No sé qué tipo de relación puede tener. También me imagino a romanos con túnicas blancas, sandalias, y una lanza. Sí. Primer elemento fálico de la cadena, aunque no es fálico la palabra que define a sus compañeras.

¡Por fin! ¡Megalómano! Creo que me estoy emocionando, he tenido que hacer fuerza para contener las lágrimas. Aunque ahora me doy cuenta de que megalómano no me convence. Una retahíla megalómana. No me gusta. ¿He pensado yo eso? ¿O han sido las drogas? ¿Me gusta a mí, o es a la droga a quien no le gusta?

A veces me quedo en blanco en el trabajo, esperando a que los proyectos compilen por arte de magia. ¿He compilado esto ya? ¿O tal vez no? Así que vuelvo a compilar, por si acaso. Y mientras compila, vuelvo a dejar la mente en blanco, para preguntarme otra vez lo mismo cuando regreso. ¿He compilado esto? ¿Qué cosa es ésta, que no sé si es buena o mala? ¿Cabrá en mi mochila? ¿Qué hago aquí sentado? ¿Quién es esta gente extraña con anteojos que me observa fijamente?

Menos mal que no puedo fumar marihuana, porque me vuelvo loco. Empiezo a ver la realidad a cuatro frames por segundo desde un pequeño marco de polaroid que está a un metro y medio del observador, que en este caso soy yo. Mi padre y algunos de mis compañeros de trabajo tienen la peligrosa costumbre de no mezclarla con tabaco. Majaderías. Nunca más la probaré. El hachís, en cambio, es sabroso y me deja en un estado de lucidez que me permite hasta entender qué significa el término fotografía en ámbito cinematográfico. Excelente fotografía, opino sobre la película que observo.

¿Absenta? sí, es muy distinguida. Te da un aire a lo Lord Byron, que sigo sin saber quién coño es, y el pelo se te peina ondulado y húmedo –o engominado– hacia atrás. Consigues gratis un monóculo, que utilizas para escudriñar las mentes inferiores de los que beben vino blanco, que aquí son muchos. Y tu capa magenta te envuelve y te protege de los monóculos de tus indiscretos semejantes. Y la pipa. ¡La pipa! La pipa es lo mejor. Fumar en pipa es otro rollo, te sientes encima de una montaña de estiercol, como esos artistas conceptuales franceses, observando a la plebe ignorante. “¡Explícanos tu último cuadro o fotografía!”, te exhortan los mundanos. Y tú vas y orinas sobre sus cráneos agrietados, pero sigues sin saber quién coño fue Lord Byron y por qué se ha reecarnado en ti.

Después está el resto de drogas. Gracias a Manolo Kabezabolo sé que nunca las probaré.

Y ya está. Iba a hablar de profesores acosados por sapientines y de esa gente trajeada que se dedica a lo de ser gourmet. Pero antes me fumaré un petardo. A vuestra salud y anarquía.

Una cita para nuestros eventos sociales 01/12/2006

No es uno de los recursos más utilizados cuando voy de habitación de hotel en habitación de hotel, buscando fiestas de celebridades en las que colarme y gente con la que quedarme, impresionándola con mis anécdotas y mi sabiduría popular. Lo habitual es ir captando un par de expresiones de cada uno de los grupúsculos, para luego componer mis propias conversaciones. Ah, mis buenos… Juguetes Mediterráneo de índole social. Idiosincrasia, nanomedios, no-show, polonio 210 y cualquier otra expresión que me haga sentir importante y superior a los demás es recibida con júbilo y alboroto.

Bien… sí. En efecto. No es fácil tener que hurtar canapés para sobrevivir, ni dormir siempre con el traje magenta de nochevieja. Pero en uno de tantos guateques de pintores conceptuales, escultores de tofu y gafapastas del círculo interno, leí –por error, pues nadie va allí a leer– el reverso uno de esos sabrosos caramelos de la Semana Santa murciana, y lo que allí estaba escrito salió empujado por mi boca… para cambiar mi vida:

Un pesimista y un optimista estaban flotando en la inmensidad del océano en una barca diminuta. Ambos se ahogaron.

Todas las gafas en derredor, gruesas y densas ellas, se deslizaron varios centímetros por las aguileñas narices de sus portadores, y todos dejaron asomar una mirada de desprecio que no tuvo que ser acompañada por monóculos quebrados o disparos al aire para que yo me largara de allí. Me estaba orinando, y caí por las escaleras del hotel. Desperté preso en una cárcel de Estambul, en el año 1974. Aunque ahora no recuerdo de dónde saqué esa cita. Quizá de un chat.