Estás en el archivo de la categoría Historias Dantescas.

Buscar
Sindicación
Últimos comentarios
Archivo
Categorías

Archivo de ‘Historias Dantescas’

“¿Te acabas de despertar y te has dado cuenta de que eres la única persona en la tierra?”. Una guía de supervivencia. 01/09/2006

El charco voraz no es un algoritmo voraz, y ni siquiera tiene que ver con esta historia. Pero una vez leí algo sobre Jimi Hendrix, su perro, y no sé cuál charco que se tragaba las personas que él más amaba. Acababan todas deslizándose por un intestino subterráneo hasta acabar excretadas en unas sillas, en las que reían gags prefabricados por guionistas judíos, puestos en boca de ese mamarracho que se parece al Bartolo, en una especie de “Club de la comedia”. Al final Jimi no supo discernir entre pesadilla, exceso de marihuana, de éter, de metedrina, de adrenocromo, de mi imaginación, de mis excesos con la marihuana, éter, metedrina o adrenocromo.
Nadie lo sabrá.
Lo que ocurrió con ese charco, tampoco.
Esta misma mañana desperté con la tragedia de Jimi en mente. Podía, y sigo pudiendo, invocarla vívidamente; como si la estuviera arrastrando por el cordón umbilical. “Sabía que algo saldría mal cuando vi esos restos de placenta encharcando mi pijama.” -pensé desde una perspectiva narrativa. Limpié el estropicio en uno de esos lavabos blancos impolutos que piden casquería a gritos; los habéis visto en docenas de películas de muertes accidentales y los consecuentes tropiezos de subterfugio del homicida.
Entonces me di cuenta de que todas las personas del mundo habían desaparecido, entendiéndolas como entes de carne y hueso. La ropa no iba añadida: nada más esfumarse la población mundial, pude ver miles de millones de camisetas, trajes de ejecutivo, sujetadores y gorras Adidas consumiendo sus últimos julios de energía cinética y potencial, hasta caer al suelo con aterradoras y sobrecogedoras formas. ¿Serían casualidad? Yo creo que no.
Vale. Tenemos un problema. ¿Qué cojones? Tengo un problema. El primer problema es que ya no existe el plural en las formas verbales. Detrás de él hay otros tantos, que ya suman un plural, pero al no ser verbal, da igual. Bien. He resuelto mi primera crisis de forma satisfactoria. A por la siguiente:
Vehículos, trenes, aviones, satélites, transbordadores espaciales, centrales nucleares, submarinos nucleares, silos rebosantes. Desatendidos y desatendidas. ¿Debería salir de casa? Si salgo de casa, ¿seré lo suficientemente ágil como para esquivar un avión precipitándose hacia mi recién rapado cráneo? Si me quedo, ¿habré tomado el suficiente yodo como para ser inmune a escapes o explosiones nucleares de las centrales energéticas próximas? Debería alejarme de los núcleos urbanos.
Decidido: Viajaré a algún lugar periférico, lo suficientemente alejado de urbes, fábricas y otras fuentes de peligro. Allí me estableceré durante un tiempo mientras medito el siguiente paso a tomar. En Países Bajos sólo hay un reactor nuclear activo, Borsele, que se encuentra al sudoeste del país. Permaneceré en Amsterdam hasta reunir medios suficientes para emprender un viaje más largo. Quizá regrese a España. Pero ésa es otra historia: hay que actuar con presura.
Pilas y combustible. La utilidad de los aparatos depende directamente de si se pueden encender o no. Mantas y ropa de abrigo. Alimentos envasados de larga conservación, que me mantengan con vida hasta que sepa cultivar tomates, pepinos, melones, sandías, aceitunas, personas y cebollas allá en mi huerta.
Una furgoneta para transportarlo todo. No sé cómo. Miles y miles de coches en marcha sin conductor serán la causa de otros tantos miles y miles de accidentes en cadena; una furgoneta no sería capaz de driblar neumáticos en llamas, por no hablar de hipotéticas deflagraciones que me chamusquen los pelos del brazo cuando circule asomándolo por la ventana, haciendo la onda esa de “¿Te gusta conducir?”.
Ya me tomé una caja de ansiolíticos al poco de despertar.
[...]
No me ha costado mucho encontrar un todoterreno en buen estado y con las llaves puestas. Me dirigiré a la gasolinera más cercana, donde repostaré y rellenaré varios bidones de gasolina. Tengo la parte de atrás llena de víberes y utensilios. Tengo armas y munición cortesía de la Nederlandse Politie; amén de cuchillos y otras armas blancas. El dinero no será necesario, pero llevo todo lo que he podido robar, por si acaso. Pilas y baterías en cantidades industriales: para el transistor, el teléfono móvil, la Game Boy Advance y la cámara de fotos. He arramblado con cualquier cachibache que, en determinada situación, pudiera serme de vital utilidad. Medicamentos de todo tipo: benzodiazepinas en cantidades enfermizas, aspirinas, polibutines para el dolor de tripita, antiinflamatorios, antibióticos, etcétera. Mantas, como ya he dicho, para combatir las inclemencias. Ponchos, bufandas, zapatillas de andar por casa. Agua, mucha agua. Muchísima agua.
Me pasaré por todas las tiendas que considere útiles de la ciudad; quizá allí encuentre cosas que me sirvan, especialmente en tiendas de electrónica. Un polo de Fred Perry a rayas horizontales negras y rojas, muy de anarko, por 65 eurazos: será mío y gratis. Te eché el ojo el otro día, mamonazo. Tú no te escapas. Quizá renueve mi vestuario, ya va siendo hora. Ya tendré tiempo -después de unos cuantos meses de cuarentena- para volver al centro y saquear todo lo que pille.
Pero ahora tengo prisa. Estar en la calle es peligroso. Mortal. Sé que soy la única persona en la faz de la tierra, pero… ¿qué hay de los zombis? ¿Y de los grupúsculos a lo Mad Max? Cautela, amigo. Cautela.
Pues eso. Me voy, que tengo prisa. Nunca he conducido un Cayenne. Estoy que me da algo, ¿sabes?

Sobre la extrapolación minimista y no figurada de la lectura entre líneas 13/07/2006

Si buscar rostros encogidos de dolor o articulando muecas diabólicas en los azulejos del cuarto de baño o en el gotelé de la pared puede ser entretenido, entonces mirar la pantalla y desenfocar la vista para que los espacios en blanco entre las palabras brillen con fuerza y surquen los párrafos con caminos cuales raíces de un árbol… es la hostia; especialmente en este día de resaca, con reconfortantes y sinusoidales impulsos de calor azotando mis globos oculares y desviándolos por doquiera, dándome un aspecto excéntrico y demente.

Blogs de famosos 04/07/2006

Tomábame un descanso matutino. Había sustituído mis acogedoras sesiones de Lord Byron avec pipa de maíz frente al fuego de mi chimenea, en mi maison de la ribera, por baños de sol en la terraza de la oficina ahumados con el crack que rebosa en el papel de aluminio. El sol azotaba mi cráneo y elevaba la temperatura de su contenido hasta los 46.5ºC: podía sentir no sólo las gotas de sudor que se deslizaban por mi frente, sino la materia gris que se derretía, paralelamente y al unísino, por detrás de ella; igual que esos románticos utensilios de limpiar ventanas que funcionan con imanes, y que adquirí de forma masiva después de pasar varias noches seguidas de insomnio viendo la teletienda. Tan despiadadamente inspirado me sentía por esos haces solares, que desenfundé mi libreta de escribir textos incoherentes, y no sólo anoté lo siguiente, sino que además lo decoré con inquietantes dibujos a pluma de gigantescos barbudos empuñando mandobles mellados y vistiendo gruesas corazas, igual que ese librucho que escribió el padre de Indiana Jones acerca del Santo Grial, y que tanto me impactó cuando era pequeño.

Un nuevo degénero literario que inspira tanta credibilidad como esos folletos de Ha ganado un televisor de 25″, cebos ideales para venderte enciclopedias, baterías de cocina o alistarte a una incipiente secta. Blogs de famosos. ¿Desde cuando nosotros -que consumimos sus libros autobiográficos, acudimos al cine a ver sus películas o tiroteamos a sus competidores directos desde un BMW serie 7- les hemos permitido llegar hasta este punto? Su derecho a manifestarse en la red, al igual que su intimidad, nos pertenece. Y bajo ningún concepto debemos permitir que cualquier guionista sionista de Sitcoms de la cadena ABC vomite en la blogosfera, en nombre de nuestros famosos, sus penosos y victimistas discursos. Sí. Digo, no. No me imagino a Miguel Ángel Nadal escribiendo con rigurosa constancia y mejor ortografía en su blog, deleitándonos con graciosas anécdotas acontecidas en los vestuarios, entre ingesta de plátano e ingesta de plátano, o con aquéllas resultado de contratar los servicios de un meretriz junto a ese tal Beckenbauer, de moda hoy en día tras haber sido resucitado mediante vudú. Tampoco me imagino a Fernando Alonso ganando tres reales de a 8 por cada línea escrita en su blog, presumiblemente rellena con monosilábicos y entretenidas onomatopeyas simiescas, sin ninguna ayuda de esos buitres de la palabra y la peseta. Ni a Sánchez Dragó diciendo cosas coherentes.

Cuando mi brazo tomó un insalubre color verdoso de tanto pensar, dejélo reposando en la ardiente uralita de la terraza, donde permaneció burbujeando durante al menos… durante al menos dos horas más, hasta Sánchez Dragó saltó la tapia y se puso a mascarlo con placer. Desde luego no me encontraba bien, hacía mucho calor y me faltaba un brazo.

Miedo al alien amarillo 09/05/2006

Qué. Qué es esto. Recordé que tengo la cabeza rapada mientras buscaba limpiarla de arena, porque cuando tenía el pelo largo me gustaba la sensación de cosquilleo provocada por sus pequeñas piedrecitas, perdidas en una maraña de pelo. Las cosas sencillas, bien buscados, tienen puntos emocionantes; aunque realmente echaba de menos esos masajes en el cuero cabelludo.
Qué. Qué hago ahora. ¿Otra vez escribiendo sin pensar? Lo que pensaba escribir perdido está, porque un indio me dejó sin ordenador. Tampoco tenía a mano una libreta donde garabatear, además ya casi he olvidado manuscribir. Qué falta de concordancia entre tiempos verbales, pero era o es un sueño o una visión, y trascendemos del tiempo; incluso nos permitimos decir cosas como habrían croquetas, y por eso me han rebautizado.
La deformación del género no es caprichosa, porque mientras buscaba granos de arena y mis ojos lo veían todo a través de un deslumbrante y costero color azul, abriéronse los cielos y descendió una figura, que de las nubes en las que se escondía robó su color y su tacto; aunque, reflejándose en ella o atravesándola los haces de Sol, el blanco parecía encenderse en una niebla roja. Esta tentación driádrica de nata y fresa, a mi antojo no sólo vinculada al cielo, se aproximaba incesante, aunque nunca parecía estar lo suficientemente cerca.

—Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;

Tan absorto estaba que apenas podía articular, simplemente permanecía. Y en mi cabeza, un zumbido. Como esa imagen de hormigas que figura en todos los televisores mal sintonizados; yo, a mi manera, intentaba sintonizar —entendiéndose como atribuir, o intentar dar explicación cabal— la visión que me paralizaba, pese a que, irónicamente, me sentía flotando en las nubes que amablemente bajaba del cénit.
Y olvidaba todo cuanto quería decirle, aunque pudiera revivirlo cada noche, mientras hacía funambulismos varios entre la vigilia y el sueño.
Y me llenó de tribulación y tormento la simple idea de hacer daño a esa criatura, que parecía una sirena de las nubes o un ágil gato nocturno de tejados parisinos, porque antes de tocarla con manos indignas me abriría el vientre y esparciría mis vísceras por entre las chapinas y las variopintas cáscaras de bicho que colman la playa; y más pavor tuve cuando pensé no en lo que pudiera acontecer si erraba con mis manos, sino en cualquier mal que pudiera hacerle de manera inconsciente.

soy incorpórea, soy intangible:

Y después de considerar esa situación de temor, fui más allá y tuve más miedo por el simple hecho de estar pensando en el miedo que me provocaría causarle daño alguno. Y, ay, que me levanté en una de esas espirales ingrávidas, como la estación aquella de 2001: Una odisea en el espacio, y cada paso avanzado me sumía más y más en hipótesis, teoremas y diagramas de tiza blanca sobre fondo azul de terror. Al llegar al centro de la perfecta espiral agradecí que no se tratase de aquéllas para hipnotizar que, con un ingenioso truco que desconozco, suponen un camino interminable lleno de polvos estornudo, polvos pica-pica, polvos lacrimógenos y polvos infarto para los peregrinos del masoquismo mental.
Allí, en el centro de la espiral, había un alien amarillo.

no puedo amarte.

Mirándome con gesto de alien amarillo.
Cuando me desenganché de la ingravidez y desperté, atardecía y estaba en otro punto diferente de la misma playa. Se estableció el siguiente vínculo kármico: antes que invocar otra vez al alien amarillo, el presente cuerpo elegía esparcirse eviscerado entre las piedras, la arena y las conchas; su sangre derramada en el océano, y diluída hasta alcanzar una proporción ridícula que la haría caer en el olvido. Y no habrá marinero que se quite el sombrero al ver un charco sanguinolento vagar a la deriva. Y así quedó establecido, y aquí queda establecido,
trascendiendo de dualidades físicas,
y por los tiempos de los tiempos.

—¡Oh ven, ven tú!

Archivado en Historias Dantescas — Sin comentarios »

An Ethanol Picture: guión de una de mis mejores borracheras 06/03/2006

Envidioso por contar alguna de mis aventuras, se ha paseado por mi memoria un día cuya onomástica sigo celebrando entre cervezas y brindis. Uno tal que…

29 de noviembre de 2003

¿Qué hago en esta cama? Intento tragar saliva. Duele, porque no hay saliva: es como tragar alambres oxidados, pero no es nada nuevo. Aunque hoy duele más que nunca. Descubro mi cuerpo entumecido bajo el edredón de invierno, y empieza la dura tarea de verticalizarlo. Enciendo la luz, que se encuentra a mano derecha. Mi mano derecha. Qué acojone: bañada en sangre. Y la otra, también.
Habré estado urgándome la nariz en sueños… ¿no?
Me quito la parte superior del pijama, y veo con incredulidad que empiezan a caer cosas. Sí, cosas. Cosas divertidas, cositas ricas. Parches. Parches de esos que les ponen a los deportistas en los reconocimientos médicos; y no tengo consciencia de haber pasado un reconocimiento médico anoche, ni de ser deportista de élite. Empiezo a acojonarme mucho. El telón se abre cuando, encima de mi escritorio, encuentro varios informes médicos. Ilegibles papeles de cebolla —uno rosa y otro blanquecino—, con olor a oficina, que refrescan mi memoria etílicamente evaporada…

DUNKELHEIT’S NIGHT OUT
An Ethanol Picture

Hmm… perhaps I’ll wet my whistle

Homer Simpson - Ep. AABF07

10:00 AM - Llego a la facultad. Me dicen que hay una fiesta en la resi, organizada por los gafapastas de mi clase. Vamos para allá con unos bricks de vinatxo.
10:30 AM - Empiezo a beber calimocho, porque hay cuatro gatos y no son muy sociables que digamos. Frikis.
11:00 AM - Me como un donuts, con azucar glass, en el Minimarkt de la resi. Lo único que yantaría en este dia azaroso.
11:01 AM - Sigo bebiendo. A menos que diga lo contrario, en ningún momento de la película dejo de beber. Como nunca diré lo contrario, puedes suponer que no dejé de beber en todo el día.
14:00 PM - La gente se pira a comer a la facultad. A mí lo que me apetece es seguir bebiendo, pero ahora ya kalimotxo. No sé si me quedo solo o con alguien más, pero me da igual.
15:00 PM - Aquí se sigue bebiendo.
16:00 PM - Sin descanso. Hay un tío que me cae mal, porque va con chaleco de vestir a clase. ¿Es gilipollas o qué?
17:00 PM - Tengo un laboratorio de análisis de circuítos lineales. Voy. Y encima voy con el capullo del chaleco. Creo que nunca he visto peor en mi vida. Visto del verbo ver. Vamos, que no veo un carajo. La protoboard me marea. La gente me mira muy extraño. Al final del laboratorio me dicen que es que todo el aula apestaba a vinatxo, y que yo apenas podía vocalizar palabra. Los de mi grupo de prácticas no quieren saber nada más de mí.
19:00 PM - Me han venido a recoger a la facultad. Estoy en un coche, con una botella de dos litros de cocacola llena de kalimotxo. Sigo bebiendo, y debo estar cantando algo que saca de quicio a una tal Alba, una chica que parece haber tenido problemas y que está siendo acosada por un colega, que no sé si está en el coche o en mi imaginación. El colega, me refiero. El acoso no. El acoso era palpable; aunque al final acabó follándosela un tercer amigo en discordia. Fue el primer conato de escisión en nuestro grupo.
19:40 PM - Pon que a esta hora hemos llegado a Guadalajara. La verdad es que las horas me las estoy inventando -teniendo en cuenta que la mayoría de cosas que relato me las explicaron al lunes siguiente-, pero más o menos se aproximan a la realidad.
19:50 PM - Vamos a un garito a beber botellines de cerveza. Estamos jugando a las cartas. Recuerdo que me cabreo y tiro un botellín por los aires. Pero me da igual, y sigo bebiendo cerveza.
20:30 PM - Pillo la botella de cocacola con kalimotxo. Sí, la del viaje en coche. La había dejado en la calle, en la entrada del bar. Huele a mierda de perro, pero sigo bebiendo. Probablemente debido a que la he dejado encima de una mierda de perro, pero me da igual.
20:40 PM - Estamos en mitad de la calle y, no sé por qué, nos detenemos en el portal de un edificio. Enfrente hay un coche aparcado, del que salen padre, madre y dos hijos. Sin motivo aparente me bajo los pantalones y los gayumbos, y con un mechero empiezo a quemarme el vello púbico. Los críos tienen cara de espanto. Me siento como la antorcha humana; me siento libre, la sensación de poder es indescriptible. Ahí estaba yo, delante de quince colegas atónitos y una familia que, presumiblemente, gastaría un pastón en psicoanalistas y Lexatin®. Ardiendo a lo gonzo. Menudo subidón.
21:00 PM - Vamos a un sitio que se llama La Isla, donde sirven bocatas calentitos. Arturo, por Dios, cena porque te va a dar algo como sigas bebiendo. Pero yo no ceno. Paso, porque soy punki que te cagas. Sigo bebiendo.
22:00 PM - Llegamos a nuestro evento social vespertino debidamente concertado: el botellón de cumpleaños del Milinko. Dejo el kalimotxo. Empiezo a beber litronas de cerveza, pero dos se me caen al suelo y revientan. Me siento mal, aunque me bebo una tercera litrona. Era la última, así que al rato empiezo a beber vodka con naranja a saco.
23:00 PM - Vodka con naranja a saco.
23:30 PM - Vodka con naranja a saco. Algún porrillo sí que me he fumado, pero no sabría decir cuántos.
00:00 AM - Vodka con naranja a saco.
01:00 AM - Vodka con naranja a saco. Llegan colegas del Milinko. Uno es un rapao. Me cago en dios, un puto nazi. La armo, me cago en dios, lo mato aquí mismo…. Al final resulta que era SHARP, y me inunda un buen rollo que te cagas. Nos pasamos hablando toda la noche, como buenos companyeros, o al menos eso es lo que recuerdo. Me cuenta que por Guada las cosas van bastante bien, pero que los cerdos están empezando a reclutar a críos en los institutos. Mal asunto. Me cuenta no sé qué de que iban a meterle fuego a un bar, o algo así.
02:00 AM - Vodka con naranja a saco.
03:00 AM - La noche iba de puta madre. Estoy de muy buen rollo, pero salta Jaime:

—¡¿Qué coño has hecho tío?!
—Qué coño he hecho de qué
—¡Mírate la chupa, joder!

Joder. Estoy bañado en sangre. La chupa, los pantalones. Las manos empapadas. Me empieza a dar muy mal rollo. Álvaro me lleva a la famosa fuente de la Fuente de la Niña, que por eso se llama así. No como Camarón, que luego no era un camarón, sino un pavo. En ese rato sólo repetía dos cosas: He pillao un sidazo, he pillao un sidazo y Álvaro, no me quiero morir, que soy virgen
Hora sin determinar - Estoy en un banco vomitando cosas extrañas, con muchos abrigos encima.
Hora sin determinar - Estoy en volandas de camino a la casa de socorro. Sigo con unos cinco o seis abrigos encima que estoy pringando con sangre y trozos de carne.
Hora sin determinar - Estoy en una camilla. Me están pinchando en el brazo, pero no veo muy bien. Estoy medio dormido.
Hora sin determinar - Estoy en una ambulancia, camino del hospital. No oigo las sirenas, lo cual me decepciona. Juancar me acompaña, y a veces lo veo. Pero los ojos me orbitan, y retornan a la oscuridad absoluta.
Hora sin determinar - Estoy en otra camilla que quizá sea la misma, por eso de ahorrar. Hospital provincial de Guadalajara. Tengo las muñecas llenas de tubos, y el cuerpo lleno de parches. ¡Ah! De aquí salen los parches. Oigo voces:

—¿Se ha metido coca?
—No, no, sólo alcohol y algún porro.
—Es muy importante que nos digáis si se ha metido cocaína, porque la cosa puede ir a peor.
—No, no, de verdad. Sólo alcohol. Y algún porro.

Hora sin determinar - Estoy vomitando en una bolsa de papel, como esas de los aviones.
Hora sin determinar - Estoy en una parada del autobús, pringando aún más de sangre los abrigos de mis colegas. Resulta que me había cortado un dedo —no sé cómo— y no había forma de que coagulase.
05:16 AM - En el primer tren de la mañana. Hecho una mierda, con la ropa llena de sangre. Jaime me mira, y me dice que menudas pintas. Si fuera otra persona y me cruzara contigo a estas horas… fua.
Esto fue un sábado. El lunes me salté la primera hora de clase, a las 9:00, para que me relataran esto que he escrito aquí. Hasta me habían escrito partes de la historia en mi cuaderno de clase —que se lo habían tenido que llevar junto a mi cartera, porque apenas tenía fuerza para cargar con mi cuerpo—. Y lo celebré con un tercio de cerveza, sí señor.

Esos sí que son punkies, esos sí que son punkies.
Esos sí que son punkies.

Mamá Ladilla - Esos sí que son punkies

PD.: Soy normal