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Archivo de ‘Religión’

“Hay que destrozar la Constitución”. Un exquisito discurso dictatorial. 21/06/2006

Y ahí tenemos la biblia. Un libro que perfectamente podría ser un delirio de alcohólico, un delirio guiñado por la suerte que le ha hecho perdurar durante miles de años, y que es el pilar de una religión arcaica, corrupta y asesina. Es arcaica por su antigüedad, es corrupta porque, además de las corrupciones básicas, hay señores con gafas gigantescas y un tapete en la cabeza que se follan a niños; y es asesina porque no sé si son miles, o cientos de miles, o millones las personas que ha matado durante su existencia. Y no creo que ningún revisionista lo dude, aunque los habrá.

Después está la gente que todavía es más beata y más temerosa de Dios. No es sagrado el libro que adoran, ni es producto de una divina e infructuosa intervención. Tanto miedo tienen de soplarle el polvo, que seguramente en los próximos dos mil años seguirá intacto. Será más viejo, habrá dado cobijo a más corruptelas, y serán más las personas muertas en su nombre.

Seguirán hojeándolo y masturbándose pensando en ese concepto llamado nación, tan abstracto y opiáceo como la religión, y tendrán mucho cuidado de no dejar ningún semenazo en las hojas de la Constitución, no sea que eso signifique el desgaje de esta nuestra patria: España, el imperio donde hace lustros que sí se pone el Sol. Por eso hay que descuartizarla. Ya sabemos lo que sucede con el software que no se actualiza. Se queda obsoleto, y se usa a disgusto. Manan las vulnerabilidades, y cada vez son más quienes se aprovechan de ellas; sobre todo si hay dinero de por medio.

No dejemos -iba a decir- que se convierta en otra biblia obsoleta. Iba a decirlo, pero recapacité: dejemos que se pudra. Cuando el país explote, estaré sentado en mi sofá, disfrutando de mi cocacola y mi sandwich triple de nocilla, viendo cómo se mata la gente entre sí tras la seguridad de mi televisor. Lo mismo que haré si finalmente alguien la actualiza, venciendo ese miedo colectivo -ya visto en otros momentos de la historia- al cambio. Un cambio tan inofensivo como necesario.

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La inmolación 20/08/2005

Disfruto con lo Caótico y lo inesperado; me produce un cosquilleo de satisfacción en el estómago, y es algo que todavía no me he parado a estudiar demasiado. Así que habrá que dejarlo en que, por algún motivo, disfruto con todo lo que rompe las reglas de lo que se puede esperar. Hasta la palabra “Caos” me encanta. Ya lo he dicho en varias ocasiones.
Sacrificarse. O inmolarse. Me parece de lo más Caótico, ya que rompe con el -creo- más fuerte de los instintos: el de supervivencia. Y también con otro que a día de hoy se ha tornado tan fuerte como éste (o más): el ego.
El Orden dentro del Caos.
Decididamente, no podría vivir sin Orden. Rodeado por el Caos, hay un mínimo espacio de Orden. En la inmolación, el Orden sería la razón. No el final. Mi Orden también es algo elegido al azar, por propia voluntad. Mucha gente decide morir por su fé. Algunos deciden matar. Pues maldita sea su fé. Y que levante la mano aquella fé que a lo largo de su existencia no haya derramado sangre. Otros deciden morir por su país, por algo intangible a lo que llaman patria, pero que tanto odio y muerte genera. A ellos no les retrasaría ni un sólo segundo su deseo. Los demás vivirían más agusto.
Yo moriría por algo tan caótico -pero con tanto sentido- como una mujer. Me da igual que te parezca mal; yo no podría encontrar una muerte mejor. Sí, sé que seguramente muera de cáncer, o en un accidente de tráfico, o de un infarto, o de alguna manera graciosa y sin sentido -un rayo debajo de un árbol, tropezándome al jugar al fútbol, asfixiándome con una bolsa del Carrefour, etc. etc.-; pero si se me otorga al oportunidad, o si en algún momento está en mi mano elegirlo, moriría por una de Ellas. No me guardaría tal momento como muchos guardan su propio orgullo u honor, ni intentaría retrasarlo con las excusas de siempre. Llevar a la práctica el tan manido y abusado ideal romántico, aleatoriamente y sin avisar.
Muchos encuentran a Dios bajo una estatua crucificada, o bajo un triángulo con un ojo inscrito dentro. Otros lo hacen bajo el mismo triángulo, pero esta vez dibujado en un billete verde.
Yo lo encuentro en ti. Mi Religión.

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